sábado, 30 de marzo de 2013

Como agua para chocolate



             2 libras de cacao Soconusco.
             2 libras de cacao Maracaibo.
             2 libras de cacao Caracas.
                Azúcar entre 4 y 6 libras según el gusto.

MANERA DE HACERSE:
La primera operación es tostar el cacao. Para hacerlo es conveniente utilizar una charola de hojalata en vez del comal, pues el aceite que se desprende de los granos se pierde entre los poros del comal. Es importantísimo poner cuidado en este tipo de indicaciones, pues la bondad del chocolate depende de tres cosas: de que el cacao que se emplee esté sano y no averiado, de que se mezclen en su fabricación distintas clases de cacao y, por último, de su grado de tueste. El grado de tueste aconsejable es del momento en que el cacao comienza a despedir su aceite. Si se retira antes, presentará un aspecto descolorido, desagradable y lo hará indigesto. Por el contrario, si se deja más tiempo sobre el fuego, el grano quedará quemado.
Cuando el cacao ya está tostado como se indicó, se limpia utilizando un cedazo para separar la cáscara del grano. Debajo del metate donde se ha de moler, se pone un cajete con buen lumbre y cuando ya está caliente el metate, se muele el grano. Se mezcla con el azúcar, machacándolo con un mazo y moliendo las dos cosas juntas. En seguida se divide la masa en trozos. Con las manos se moldean las tablillas, redondas o alargadas, según el gusto, y se ponen a orear. Con la punta de cuchillo se pueden señalar las divisiones que deseen.
Laura Esquivel

viernes, 29 de marzo de 2013

Carta de una desconocida


        Quiero contarte toda mi vida, esta vida mía que en realidad comenzó el día en que te conocí. Antes no hubo en ella  sino algo turbio, y fue  como un rincón cualquiera lleno de cosas  y hombres torpes, cubierto de polvo y telarañas, de los cuales mi corazón no sabe nada. Cuando tú llegaste,  yo tenía trece años y vivía en la misma casa  que habitas tú ahora, en la misma casa  en la que tienes tú ahora esta carta entre tus manos, como el  último aliento de mi vida; vivía en el mismo pasillo, justamente enfrente de tu cuarto. Seguramente ya no te  acuerdas de nosotras, de la pobre viuda de un empleado ( siempre iba vestida de luto) y de su delgada niña. Vivíamos tranquilamente, casi sumergidas en nuestra pobreza de pequeñas burguesas. Tal vez nunca hayas  oído nuestros nombres, pues no teníamos ninguna chapa en la puerta, y nadie nos visitaba ni preguntaba por nosotras. Es verdad también que ya hace mucho tiempo de esto: quince, dieciséis años; no, seguramente tú no lo recuerdas, querido mío; pero yo, yo me acuerdo apasionadamente de cada detalle y tengo presente como  si fuese hoy, el día, mejor dicho la hora, en que oí hablar de ti por primera vez y en que por primera vez te vi; ¡y cómo no recordarlo, si entonces empezó para  mí la vida! Consiente, querido, en que te lo cuente todo, todo, desde el principio, te lo suplico, y no te fastidies de oír mi relato, durante un cuarto de hora, pues yo no me he cansado de quererte durante toda mi vida.
Stefan Zweig

 

jueves, 28 de marzo de 2013


Y decirte alguna estupidez,
 por ejemplo,


       
           Juan es un chico que estudia 2.º de BUP en un colegio de Madrid. Su vida transcurre entre el ambiente familiar, las relaciones con su hermano Zac, la afición al fútbol y el amor por Sara, una compañera de clase. Juan no hace más que pensar en ella. Y eso le influye constantemente en su estado de ánimo. No sabe muy bien qué hacer para conquistarla.

           Sara es una chica atractiva y buena estudiante; sin embargo, su carácter resulta desconcertante y por eso Juan le pone nombres diferentes según la actitud que observa en ella: Saraterca, Saraestrambótica, Saracelosa, Sarasolidaria... Un día, Sara le propone un plan para robar los exámenes finales del despacho de la directora. Al principio Juan se resiste porque no quiere ser cómplice de una mala acción pero, como está enamorado de Sara, accede.

domingo, 17 de marzo de 2013

MARINA


          Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió. Pasaría una eternidad antes de que comprendiese aquellas palabras. Pero más vale que empiece por el principio, que en este caso es el final. 
         En mayo de 1980 desaparecí del mundo durante una semana. Por espacio de siete días y siete noches, nadie supo de mi paradero. Amigos, compañeros, maestros y hasta la policía se lanzaron a la búsqueda de aquel fugitivo al que algunos ya creían muerto o perdido por calles de mala reputación en un rapto de amnesia. 
          Una semana más tarde, un policía de paisano creyó reconocer a aquel muchacho; la descripción encajaba. El sospechoso vagaba por la estación de Francia como un alma perdida en una catedral forjada de hierro y niebla. El agente se me aproximó con aire de novela negra. Me preguntó si mi nombre era Óscar Drai y si era yo el muchacho que había desaparecido sin dejar rastro del internado donde estudiaba. Asentí sin despegar los labios. Recuerdo el reflejo de la bóveda de la estación sobre el cristal de sus gafas.

          Nos sentamos en un banco del andén. El policía encendió un cigarrillo con parsimonia. Lo dejó quemar sin llevárselo a los labios. Me dijo que había un montón de gente esperando hacerme muchas preguntas para las que me convenía tener buenas respuestas. Asentí de nuevo. Me miró a los ojos, estudiándome. «A veces, contar la verdad no es una buena idea, Óscar»,dijo. Me tendió unas monedas y me pidió que llamase a mi tutor en el internado. Así lo hice. El policía aguardó a que hubiese hecho la llamada. Luego me dio dinero para un taxi y me deseó suerte. Le pregunté cómo sabía que no iba a volver a desaparecer. Me observó largamente. «Sólo desaparece la gente que tiene algún sitio adonde ir», contestó sin más. Me acompañó hasta la calle y allí se despidió, sin preguntarme dónde había estado. Le vi alejarse por el Paseo Colón. El humo de su cigarrillo intacto le seguía como un perro fiel. 

jueves, 14 de marzo de 2013

Orgullo y prejuicio



––Señor Darcy, soy una criatura muy egoísta que no me preocupo más que de mis propios sentimientos, sin pensar que quizá lastimaría los suyos. Pero ya no puedo pasar más tiempo sin darle a usted las gracias por su bondad sin igual para con mi pobre hermana. Desde que lo supe he estado ansiando manifestarle mi gratitud. Si mi familia lo supiera, ellos también lo habrían hecho.
––Siento muchísimo ––replicó Darcy en tono de sorpresa y emoción–– que haya sido usted informada de una cosa que, mal interpretada, podía haberle causado alguna inquietud. No creí que la señora Gardiner fuese tan poco reservada. [...]
––Si quiere darme las gracias ––repuso Darcy––, hágalo sólo en su nombre. No negaré que el deseo de tranquilizarla se sumó a las otras razones que me impulsaron a hacer lo que hice; pero su familia no me debe nada. Les tengo un gran respeto, pero no pensé más que en usted.

Elizabeth estaba tan confusa que no podía hablar. Después de una corta pausa, su compañero añadió: ––Es usted demasiado generosa para burlarse de mí. Si sus sentimientos son aún los mismos que en el pasado abril, dígamelo de una vez. Mi cariño y mis deseos no han cambiado, pero con una sola palabra suya no volveré a insistir más.
Elizabeth, sintiéndose más torpe y más angustiada que nunca ante la situación de Darcy, hizo un esfuerzo para hablar en seguida, aunque no rápidamente, le dio a entender que sus sentimientos habían experimentado un cambio tan absoluto desde la época a la que él se refería, que ahora recibía con placer y gratitud sus proposiciones. La dicha que esta contestación proporcionó a Darcy fue la mayor de su existencia, y se expresó con todo el calor y la ternura que pueden suponerse en un hombre locamente enamorado. Si Elizabeth hubiese sido capaz de mirarle a los ojos, habría visto cuán bien se reflejaba en ellos la delicia que inundaba su corazón; pero podía escucharle, y los sentimientos que Darcy le confesaba y que le demostraban la importancia que ella tenía para él, hacían su cariño cada vez más valioso.

Orgullo y prejuicio
Es una novela que muestra la sociedad británica del siglo XVIII. En ella se analiza un objetivo primordial para las mujeres en aquella época: casarse sin perder de vista los intereses económicos y los sentimentales.  El tema principal gira en torno al análisis, por un lado, de los prejuicios de Elizabeth Bennet hacia Fitzwilliam Darcy a raíz de unas primeras impresiones y, por otro lado, el orgullo de clase que tiene Darcy y su comportamiento altivo. También se muestra en el transcurso de la obra la evolución psicológica de los personajes, Elizabeth y Darcy, a raíz de los sucesos y equívocos  a los que se tienen que enfrentar, van madurando y  conociéndose  sin hacer caso a la opinión de otras personas. Todo ello les lleva finalmente a enamorarse.



Jane Austen
Fue una novelista británica que nació el 16 de diciembre de 1775 y falleció el 18 de julio de 1817. Vivió en la época de la Regencia. Su familia pertenecía a la burguesía agraria y muchos aspectos de esta clase social quedan  retratados  en su obras, es el caso del tema del matrimonio. A través de sus cartas se sabe que Jane tuvo algunos pretendientes pero nunca se casó.
Sus obras más conocidas son: Emma, Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio, La abadía de Northanger y El parque de Mansfield.

Realizado por: Raquel Ruiz García. 4ºB


miércoles, 13 de marzo de 2013

El sí de las niñas





           El sí de las niñas es una comedia que trata sobre Doña Paquita, una joven de 16 años obligada por su madre doña Irene a casarse con Don Diego, un sensible y rico caballero de 59 años. Sin embargo, este ignora que Doña Paquita está enamorada de un tal «Don Félix», quien en realidad se llama Don Carlos, y es sobrino de Don Diego. Con este triángulo amoroso como argumento se desarrolla la obra, cuyo tema principal es la opresión de las muchachas forzadas a obedecer a su madre y entrar en un matrimonio desigual y en este caso con una gran diferencia de edad entre los contrayentes.
              La clave de la obra se encuentra en la contradicción que caracteriza a Don Diego en el tema de la educación de los jóvenes y la elección de estado: su práctica, su actuación, no concuerda con la teoría. Pide libertad para la elección de estado (una libertad negada entonces a los jóvenes), critica la falsa concepción de la autoridad por parte de los padres: comprende que ese falso autoritarismo es la raíz de muchos males; quiere que Paquita elija con libertad.
Pero en la práctica, don Diego, que es el protector de su sobrino Carlos, comete con él los mismos errores que critica en teoría. Esta contradicción entre la teoría y la práctica es el hilo que conduce la trama teatral.
Fuente: Wikipedia.


         Este fragmento del libro es uno de los que más me ha gustado porque la madre le pide respeto a su hija, ya que una madre es lo que debe hacer, educar a su hija conforme a  la época en la que vive. Doña Francisca, al igual que todas las hijas debe de comprender que exija ese respeto y esa educación, porque es una madre que busca una estabilidad económica. Y por otra parte, también me ha gustado mucho  el hecho de que Doña Irene le pide confianza y que nunca la abandone y que esté ahí para ella como su madre está para su hija; ahí se nota el amor que se tienen y como en la obra se entretejen convenciones sociales, intereses y sentimientos.

 -DOÑA IRENE: Sin contar con su madre... Como si tal madre no tuviera... Yo te aseguro que aunque no hubiera sido con esta ocasión, de todos modos era ya necesario sacarte del convento. Aunque hubiera tenido que ir a pie y sola por ese camino, te hubiera sacado de allí... ¡Mire, usted qué juicio de niña éste! Que porque ha vivido un poco de tiempo entre monjas... ya se la puso en la cabeza el ser ella monja también... Ni qué entiende ella de eso, ni qué... En todos los estados se sirve a Dios, Francisquita; pero el complacer a su madre, asistirla, acompañarla y ser el consuelo de sus trabajos, ésa es la primera obligación de una hija obediente... Y sépalo usted, si no lo sabe.

-DOÑA FRANCISCA: Es verdad, mamá... Pero yo nunca he pensado abandonarla usted. 

Realizado por: Ayla Syra Gallardo España, 1º Bach A

viernes, 1 de marzo de 2013







- Me apetece 
empezar 
una relación
 formal 
y
enamorarme
locamente
de alguien
 que se enamore 
locamente de mí.








Nunca había oído a Raúl hablar así. Parece decidido a encontrar una chica de la que enamorarse de verdad.
-¿Y no podría ser Eli ese alguien?
- No. No es ella quien está en mi cabeza.
-Pero ¿hay alguien en tu cabeza?- pregunta Valeria desconcertada.
- Creo que sí- confiesa Raúl con una sonrisa dulce.
Una punzada directa al corazón.
- ¿La conozco?
-Me parece que sí.
Los latidos se multiplican por mil en el pecho de Valeria cuando Raúl se aproxima más a ella. No puede ser. Aquello que está imaginando no puede ser. Es imposible.
- ¿Va a nuestra ... clase?
-Ajá
-¿Sí?
Le tiemblan los labios al hablar. Empieza a tener calor. Otra vez los pómulos enrojecidos. Seguro que se le nota muchísimo que está muy tensa. ¿y si fuera verdad? ¿Y si...?
- No vas a decirme su nombre?
-Por supuesto: Valeria
Al oír su nombre se produce una explosión de sentimientos en su interior. No es capaz de reaccionar de soltar las emociones que no le permiten ni sonreír
- Yo...
-¿Tú...?
Raúl en cambio sí sonríe. De una forma divertida. Persigue su mirada esquiva, atrapándola en la suya.


BLUE  JEANS

Selección del texto a cargo de  Abigail Pina y Cristina Díaz