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jueves, 12 de noviembre de 2015

El arpa de hierba

  
Hoy, cuando salí del pueblo con el grupo del sheriff, yo era un hombre convencido de que mi vida  se acabaría sin que hubiera compartido nada con nadie y sin dejar rastro. Ahora creo que no voy a ser tan desafortunado. Señorita Dolly, ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Cincuenta, sesenta años? Fue en aquellos años en que la veía a usted, una niña tiesa y ruborosa en el carro de su padre... del que no se bajaba nunca porque no quería que nosotros, los chicos del pueblo, nos diésemos cuenta de que no llevaba zapatos.
        
        -Ellas llevaban zapatos, Dolly y Esa intervino Catherine-. Era yo quien no llevaba                  zapatos.
       -Todos estos años la he seguido viendo -siguió el juez-, pero no supe ni podía saber,              hasta hoy, lo que es usted, Dolly: un espíritu, una pagana...
       - ¿Pagana...? -interrogó Dolly, alarmada al mismo tiempo que interesada.
      - Después; antes, un espíritu, alguien que no se puede conocer sólo con los ojos. Los espíritus aceptan la vida, dan por sentadas sus diferencias y, en consecuencia, siempre tienen problemas. Yo quizá no debí ser juez, pues como tal he estado muchas veces en el lado equivocado: la ley no admite diferencias. ¿Recuerdan al viejo Carper, el pescador que tenía una casa flotante en el río? Le echaron de la ciudad porque quiso casarse con una bonita muchacha negra. me parece que ella trabaja ahora para la señora Postum. Y ella le quería. Solía verlos cuando iba a pescar y eran muy felices juntos; la chica fue para él algo  que nadie fue nunca para mí, esa persona única en el mundo a la que todo puede confiársele.

Truman Capote:  El arpa de hierba, 
Anagrama, Barcelona, 1991
Traducción de J. Adsuar
Páginas  71 y 72

jueves, 18 de junio de 2015

Como parece que nos hemos decidido por La Peste de Camus como lectura para el verano, aquí os dejo uno de los fragmentos del comienzo para abrir boca:



"En el comedor del hotel hay una familia muy interesante. El padre es un hombre alto, delgado, vestido de negro, con cuello duro. Tiene la cabeza calva en el centro y dos tufos de pelo gris a derecha e izquierda. Ojitos redondos y duros, una nariz afilada y una boca horizontal le dan el aspecto de una lechuza bien educada. Llega siempre primero a la puerta del comedor, se aparta, deja pasar a su mujer, menuda como un ratoncito negro, y entonces entra, llevando detrás a un niño y a una niña vestidos como dos perros sabios. Llegado a la mesa, espera a que su mujer se coloque, se sienta él y los dos perritos de aguas pueden al fin posarse en sus sillas. Habla de usted a su mujer y a sus hijos, dedica corteses maldades a la primera y frases definitivas a los herederos.
-Nicole, está usted mostrándose soberanamente antipática.
Y la pequeña está a punto de llorar. Lo que él quería.
Esta mañana, el niño estaba muy excitado con la historia de las ratas. Quiso hablar de ello en la mesa.
-No se habla de ratas en la mesa, Philippe. En adelante le prohíbo a usted pronunciar esa palabra.
-Su padre tiene razón -dijo el ratoncito negro.
Los dos perritos metieron la nariz en su pastel y la lechuza dio las gracias con una inclinación de cabeza que no decía gran cosa."

 
A mí es que me encantan las animalizaciones para describir, muy clásicas y efectivas.

martes, 21 de enero de 2014

Robinson Crusoe de Daniel Defoe

Título original: La vida e increíbles aventuras de Robinson Crusoe, de York, marinero, quien vivió veintiocho años completamente solo en una isla deshabitada en las costas de América, cerca de la desembocadura del gran río Orinoco; habiendo sido arrastrado a la orilla tras un naufragio, en el cual todos los hombres murieron menos él. Con una explicación de cómo al final fue insólitamente liberado por piratas. Escrito por él mismo.Robinson Crusoe illustration - N.C. Wyeth

 El buque encalló profundamente en las arenas, de manera que solo nos quedaba tratar de salvar la vida de cualquier manera... Once embarcamos en un bote... Una ola gigantesca cayó sobre el bote con tal violencia, que se dio vuelta en un instante... Nadé hacia adelante con todas mis fuerzas... Fui el único que consiguió pisar tierra, empapado, sin ropa para cambiarme y nada que comer y beber; sólo tenía un cuchillo, una pipa y un poco de tabaco en una cajita... Todo lo que se me ocurrió fue treparme a un frondoso árbol, y allí me propuse estarme la noche entera y decidir, a la mañana siguiente, cuál sería mi muerte.
Anduve primero en busca de agua dulce. Después de beber y mascar tabaco trepé a mi árbol, tratando de hallar una posición de la cual no me cayera si el sueño me vencía. Había cortado un sólido garrote para defenderme.
Al otro día no había huellas del temporal. La marea había zafado al barco y lo había traído hacia las rocas... Poco después de mediodía el mar se puso como un espejo y la marea bajó tanto que pude acercarme a un cuarto de milla del barco (ya entonces sentía renovarse mi desesperación al comprender que si nos hubiésemos quedado a bordo estaríamos a salvo y en tierra)... Nadé hasta el barco.
Las provisiones de a bordo no habían sufrido absolutamente nada; pude satisfacer mi gran apetito, llenándome además los bolsillos de galleta. Bebí un buen trago de ron para fortalecerme ante la tarea que me esperaba... [Armó una balsa, con elementos que encontró en el barco]... Se presentaba el problema de elegir lo indispensable y al mismo tiempo preservarlo de los golpes del mar [eligió comida, herramientas, armas].
Mi próxima tarea fue la de reconocer el lugar, en busca de un sitio adecuado para instalarme y almacenar mis efectos con toda seguridad... En la isla había aves; me pregunté si su carne sería o no comestible.
Se me ocurrió que aún podría sacar muchas cosas útiles del barco, y me decidí a hacer otro viaje a bordo... Hallé 2 o 3 cajas de clavos y tornillos, un gran barreno, 1 o 2 docenas de hachuelas, y lo más precioso de todo, una piedra de afilar... Seguí yendo diariamente al barco, aprovechando la marea baja... Lo que más me alegró en aquellos viajes es que después de estar 5 o 6 veces, y cuando ya no esperaba encontrar nada que valiera la pena mover de su sitio, seguía descubriendo cosas que me servían... En la cabina del capitán hallé una caja con 36 libras esterlinas en monedas europeas, brasileñas y algunas piezas de oro y plata. Sonreí a la vista de aquel dinero. ¿Para qué me sirves?', exclamé... Pero luego lo pensé mejor y tomé el dinero.
Mis pensamientos estaban ahora consagrados a encontrar los medios de asegurarme contra los salvajes y las bestias que pudiera haber en la isla... Calculé aquello que necesitaba en forma indispensable: en primer lugar agua dulce y aire saludable; luego abrigo y seguridad; finalmente, que si Dios me enviaba algún barco por las cercanías, no perdiera yo esa oportunidad de salvarme.
En el barco encontré plumas, tinta y papel, e hice lo indecible por economizarlos; mientras duró la tinta pude llevar una crónica muy exacta, pero cuando se terminó me hallé imposibilitado de continuarla, ya que no pude hacer tinta a pesar de todo lo que probé. Esto vino a demostrarme que necesitaba muchas cosas fuera de las que había acumulado. Habiendo conseguido acostumbrar un poco mi espíritu a su actual condición y abandonando la costumbre de mirar al mar por si divisaba algún navío, me apliqué desde entonces a organizar mi vida y a hacerla lo más confortable posible... Fabriqué una mesa y una silla. 


Adaptación 

martes, 7 de enero de 2014

 
 
 
XIII
 
       Hay cosas que la voluntad humana no es capaz de controlar. Daniel, el Mochuelo, acababa de averiguar esto. Hasta entonces creyó que el hombre puede elegir libremente entre lo que quiere y lo que no quiere; incluso él mismo podía ir, si éste era su deseo, al dentista que actuaba en la galería de Quino, el Manco, los jueves por la mañana, mediante un módico alquiler, y sacarse el diente que le estorbase. Había algunos hombres, como Lucas, el Mutilado, que hasta les cercionaban un miembro si ese miembro llegaba a ser para ellos un estorbo. Es decir, que hasta la tarde aquella que saltaron la tapia del Indiano para robarle las manzanas y les sorprendió la Mica, Daniel, el Mochuelo,  creyó que los hombres podían desentenderse a su antojo  de cuanto supusiese para ellos una rémora, lo mismo en lo relativo al cuerpo que en lo concerniente al espíritu.
      Pero nada más abandonar la finca del Indiano con una manzana en cada mano y las oreja gachas, Daniel, el Mochuelo, comprendió que la voluntad del hombre no lo es todo en la vida. Existían cosas que se le imponen al hombre, y lo sojuzgan, y lo someten a su imperio con cruel despotismo. Tal -ahora se daba cuenta- la deslumbradora belleza de la Mica. Tal, el escepticismo de Pancho, el Sindiós. Tal, el encendido fervor de  don José, el cura, que era un gran santo. Tal, en fin, la antipatía sorda de la Sara hacia su hermano Roque, el Moñigo.
   
 El Camino, Miguel Delibes.




      El Camino de Delibes es todo un clásico que tarde o temprano hay que leer. Entre toda la  información que circula por la red sobre su autor y la novela he encontrado un blog que merece la pena ojear.  Se trata de un blog creado con la única función de compartir impresiones de esta novela entre lectores de Valencia y Senegal: Palabras de allí, palabras de aquí 

    Cada capítulo es analizado a través de una serie de preguntas que invitan a reflexionar sobre la amistad, la soledad, la naturaleza, la muerte, el amor y tantos otros temas que van surgiendo gracias a la relación existente entre tres amigos de una pequeña aldea. Daniel, Roque y Germán serán capaces de mostrarnos todos los matices, desde la crueldad hasta la belleza,  que supone  el descubrir el mundo en la adolescencia.

viernes, 29 de noviembre de 2013

El sabueso de los Baskerville

http://balasdepintura.com
Le acompaño —dije.
—Pues tome su revólver y póngase las botas. Cuanto antes salgamos será mejor, ya que el individuo puede apagar la vela y marcharse.
A los cinco minutos estábamos fuera e iniciábamos nuestra expedición. Nos apresuramos por los oscuros matorrales, en medio del lúgubre sonido del viento otoñal y el susurro de las hojas que caían. El aire de la noche estaba cargado con el olor de humedad putrefacta de la vegetación. De vez en cuando la luna se asomaba por unos instantes, pero por la faz del cielo corrían nubarrones y en el momento en que salimos al páramo empezó a llover. La luz seguía brillando inmóvil frente a nosotros.
—¿Va usted armado?
—Llevo un arma de caza.
—Debemos cercarle inmediatamente, ya que dicen que es un individuo desesperado. Le cogeremos por sorpresa y le tendremos a merced nuestra antes de que pueda resistirse.
—Oiga, Watson —dijo entonces el baronet—. ¿Qué dirá Holmes de esto? ¿Qué pasa con esas horas de oscuridad en que los poderes del mal andan sueltos?
Como respondiendo a sus palabras, por la inmensa negrura del páramo se elevó de pronto aquel extraño aullido que ya había oído anteriormente junto a la gran ciénaga. El viento arrastró, en medio del silencio de la noche, un largo y profundo murmullo, luego un aullido creciente y, por último, un triste lamento que se fue perdiendo gradualmente. Sonó una y otra vez, haciendo que el aire vibrase con aquel sonido estridente, salvaje y amenazador. El baronet me tomó del brazo y, a pesar de la oscuridad, pude ver la palidez que le cubrió el rostro.
Arthur Conan Doyle

martes, 19 de noviembre de 2013

El Lazarillo de Tormes


          Usaba poner cabe si un jarrillo de vino cuando comíamos, y yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar. Mas duróme poco, que en los tragos conocía la falta, y por reservar su vino a salvo nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido; mas no había piedra imán que así trajese a sí como yo con una paja larga de centeno, que para aquel menester tenía hecha, la cual metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino lo dejaba a buenas noches. Mas como fuese el traidor tan astuto, pienso que me sintió, y dende en adelante mudó propósito, y asentaba su jarro entre las piernas, y atapábale con la mano, y ansí bebía seguro. Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía que maldita la gota se perdía. Cuando el pobreto iba a beber, no hallaba nada: espantábase, maldecía, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser.
"No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le quitáis de la mano."
Tantas vueltas y tiento dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla, ...


MARINA

Titulo de la imágen Tamara De Lempicka - Jeune fille au vent
Tamara De Lempicka - Jeune fille au vent

      Mi amigo Óscar es uno de esos príncipes sin reino que corren por ahí esperando que los beses para transformarse en sapo. Lo entiende todo al revés y por eso me gusta tanto. La gente que piensa que lo entiende todo a derechas hace las cosas a izquierdas, y eso, viniendo de una zurda, lo dice todo. Me mira y se cree que no le veo. Imagina que me evaporaré si me toca y que, si no lo hace, se va a evaporar él. Me tiene en un pedestal tan alto que no sabe cómo subirse. Piensa que mis labios son la puerta del paraíso, pero no sabe que están envenenados. Yo soy tan cobarde que, por no perderle, no se lo digo. Finjo que no le veo y que sí, que me voy a evaporar...
        Mi amigo Óscar es uno de esos príncipes que harían bien manteniéndose alejados de los cuentos y de las princesas que los habitan. No sabe que es el príncipe azul quien tiene que besar a la bella durmiente para que despierte de su sueño eterno, pero eso es porque Óscar ignora que todos los cuentos son mentiras, aunque no todas las mentiras son cuentos. Los príncipes no son azules y las durmientes, aunque sean bellas, nunca despiertan de su sueño. Es el mejor amigo que nunca he tenido y, si algún día me tropiezo con Merlín, le daré las gracias por haberlo cruzado en mi camino.
Marina. Carlos Ruiz Zafón

  

lunes, 1 de julio de 2013

Anna Karénina



Anna Karénina. Un  libro  cuyo título es el nombre de una mujer. Se podría creer que es lo habitual, pero es el sencillo nombre de una mujer para  una  gran  novela. Habría  que pronunciarlo  como a  Lolita,  otra historia  de las grandes, pero no suena ni tan erótico ni tan obscuro.


   Anna,  An-na,   ni siquiera vemos la punta de la lengua cerca de los labios.  An-na es un suspiro que se queda contenido  en el paladar.
    En su nombre y apellido está el resumen  de  una vida entera:  Todas las  familias  se  parecen, las desdichadas los son cada una a su modo. A partir de esta frase tan sencilla,  Anna vuelve a respirar  a nuestro lado. En ese aleteo vital  los acontecimientos y hechos del día a día de la sociedad rusa entran en Ana y  salen  convertidos  en actitudes, en incertidumbres, deseos ocultos de largo alcance, en  la conciencia y sus palpitaciones.

Volvió a llenarse de aire los pulmones y, ya había sacado la mano del manguito para asir la barandilla y subir al vagón, cuando un hombre con un capote militar se detuvo a pocos pasos de ella, tapándole la vacilante luz del farol. Anna se volvió y al punto reconoció a Vronski. El joven se llevó la mano a la visera de la gorra, se inclinó y le preguntó si podía servirle en algo. Anna estuvo largo rato mirándole, sin responder. A pesar de que lo envolvía la sombra, distinguió, o eso fue lo que le pareció, la expresión de su cara y de sus ojos. Era ese mismo entusiasmo y esa misma sumisión que tanto le habían impresionado la víspera.

Pero como ya he comentado, otros personajes entran y salen acompañándola en este viaje  de la vida que comienza en un tren tan real como las nubes de este paisaje y tan vaporoso como el reflejo de las mismas en el agua. Es el caso de Levin, de vuelta a su casa de campo, habiendo sido rechazado por Kitty :

Era como si esos vestigios de su vida pasada le cercaran y le dijeran:
“No, no te escaparás de nosotros, no te convertirás en otra persona. Seguirás siendo el de siempre, con tus dudas, tu eterno descontento de ti mismo, tus vanas tentativas de enmienda, tus caídas y esa ansia perpetua de alcanzar una felicidad de la que jamás has gozado y que te está vedada”

O conversaciones aparentemente inofensivas que van mucho más allá:

- Pero el tiempo es oro, no lo olvide –dijo el coronel.
-¿Qué tiempo? Hay meses enteros que no valen ni cincuenta kopeks. En cambio, a veces una simple media hora no se puede pagar con nada. ¿No es verdad, Kitty?

lunes, 3 de junio de 2013

El Duque de Rivas


Don Álvaro o la fuerza del sino es una obra en la que el protagonista es un joven adinerado llamado don Álvaro de quien se desconoce su pasado. Este llega Sevilla, donde se enamora de la hija del marqués de Calatrava, llamada Leonor. Don Álvaro pretende casarse con ella, pero el padre de esta no está de acuerdo. Entonces, don Álvaro persuade a Leonor para marcharse juntos donde puedan contraer matrimonio. En la huida, los enamorados son descubiertos por el marqués, en este momento don Álvaro deja  caer su pistola al suelo para impedir que los atrape pero, se dispara accidentalmente y mata al marqués. Tras el incidente, ambos huyen y toman caminos distintos. Don Álvaro pensando que Leonor había muerto, se inscribe con un nombre diferente al suyo en el ejército italiano, donde también estaba  don Carlos, uno de los hermanos de Leonor. Un día, don Carlos salvó a don Álvaro de una muerte segura tras caer herido en un combate pero  más tarde, cuando don Carlos conoce la identidad de estelo reta a un duelo. Don Álvaro intenta evitar la batalla, pero finalmente mata a don  Carlos. Mientras tanto, Leonor se hallaba refugiada en un convento de frailes. Años más tarde, don Álvaro vuelve a España y se aloja en un monasterio al lado del convento en el que residía Leonor, sin que ninguno supiera de la vida del otro. Don Alfonso, el otro hijo del marqués de Calatrava tras mucho buscar encuentra a don Álvaro, descubriendo su pasado y  desafiándolo a muerte. Leonor que residía cerca de allí oyó los lamentos de su hermano herido y acudió en su ayuda. Pero don Alfonso, que pensaba que ambos se veían a escondidas, clava una puñalada a su hermana para evitar que don Álvaro sea feliz con ella...
Realizado por Antonio Fortes.

viernes, 10 de mayo de 2013

H. G. Wells y la ciencia ficción.


EL HOMBRE INVISIBLE


Herbert G. Wells fue un escritor, novelista, filósofo e historiador. Es famoso por sus novelas de ciencia ficción y es considerado, junto con Julio Verne, uno de los precursores de este género por sus escritos relacionados con la ciencia. Al contraer la tuberculosis lo dejó todo para dedicarse a la escritura; así es como surgen sus primeras obras como: La máquina del tiempo, El hombre invisible, La guerra de los mundos y Los primeros hombres en la luna. Al cabo de toda su vida consiguió completar más de cien obras.

El hombre invisible es una novela que trata de un hombre que, vestido con extrañas ropas, llega al pueblo de Iping para hospedarse.  La posadera lo encuentra un hombre muy extraño porque, a pesar de que estaba con las ropas mojadas, no se las quería quitar. Su comportamiento también le llamaba la atención porque, por ejemplo, se tapaba la boca y no comía estando ella presente. Un día,  algo raro sucede y el hombre desvela su secreto y empiezan a echarle las culpas de los robos que ocurrían en el pueblo, sin saber si había sido él o no. Pero esto no es lo único que le pasa al hombre invisible, porque conforme va avanzando la historia el hombre invisible se va creyendo que es el más poderoso y llegará a un extremo en el que no pueda más.

Realizado por María José Vega 4ºB

domingo, 17 de marzo de 2013

MARINA


          Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió. Pasaría una eternidad antes de que comprendiese aquellas palabras. Pero más vale que empiece por el principio, que en este caso es el final. 
         En mayo de 1980 desaparecí del mundo durante una semana. Por espacio de siete días y siete noches, nadie supo de mi paradero. Amigos, compañeros, maestros y hasta la policía se lanzaron a la búsqueda de aquel fugitivo al que algunos ya creían muerto o perdido por calles de mala reputación en un rapto de amnesia. 
          Una semana más tarde, un policía de paisano creyó reconocer a aquel muchacho; la descripción encajaba. El sospechoso vagaba por la estación de Francia como un alma perdida en una catedral forjada de hierro y niebla. El agente se me aproximó con aire de novela negra. Me preguntó si mi nombre era Óscar Drai y si era yo el muchacho que había desaparecido sin dejar rastro del internado donde estudiaba. Asentí sin despegar los labios. Recuerdo el reflejo de la bóveda de la estación sobre el cristal de sus gafas.

          Nos sentamos en un banco del andén. El policía encendió un cigarrillo con parsimonia. Lo dejó quemar sin llevárselo a los labios. Me dijo que había un montón de gente esperando hacerme muchas preguntas para las que me convenía tener buenas respuestas. Asentí de nuevo. Me miró a los ojos, estudiándome. «A veces, contar la verdad no es una buena idea, Óscar»,dijo. Me tendió unas monedas y me pidió que llamase a mi tutor en el internado. Así lo hice. El policía aguardó a que hubiese hecho la llamada. Luego me dio dinero para un taxi y me deseó suerte. Le pregunté cómo sabía que no iba a volver a desaparecer. Me observó largamente. «Sólo desaparece la gente que tiene algún sitio adonde ir», contestó sin más. Me acompañó hasta la calle y allí se despidió, sin preguntarme dónde había estado. Le vi alejarse por el Paseo Colón. El humo de su cigarrillo intacto le seguía como un perro fiel. 

jueves, 14 de marzo de 2013

Orgullo y prejuicio



––Señor Darcy, soy una criatura muy egoísta que no me preocupo más que de mis propios sentimientos, sin pensar que quizá lastimaría los suyos. Pero ya no puedo pasar más tiempo sin darle a usted las gracias por su bondad sin igual para con mi pobre hermana. Desde que lo supe he estado ansiando manifestarle mi gratitud. Si mi familia lo supiera, ellos también lo habrían hecho.
––Siento muchísimo ––replicó Darcy en tono de sorpresa y emoción–– que haya sido usted informada de una cosa que, mal interpretada, podía haberle causado alguna inquietud. No creí que la señora Gardiner fuese tan poco reservada. [...]
––Si quiere darme las gracias ––repuso Darcy––, hágalo sólo en su nombre. No negaré que el deseo de tranquilizarla se sumó a las otras razones que me impulsaron a hacer lo que hice; pero su familia no me debe nada. Les tengo un gran respeto, pero no pensé más que en usted.

Elizabeth estaba tan confusa que no podía hablar. Después de una corta pausa, su compañero añadió: ––Es usted demasiado generosa para burlarse de mí. Si sus sentimientos son aún los mismos que en el pasado abril, dígamelo de una vez. Mi cariño y mis deseos no han cambiado, pero con una sola palabra suya no volveré a insistir más.
Elizabeth, sintiéndose más torpe y más angustiada que nunca ante la situación de Darcy, hizo un esfuerzo para hablar en seguida, aunque no rápidamente, le dio a entender que sus sentimientos habían experimentado un cambio tan absoluto desde la época a la que él se refería, que ahora recibía con placer y gratitud sus proposiciones. La dicha que esta contestación proporcionó a Darcy fue la mayor de su existencia, y se expresó con todo el calor y la ternura que pueden suponerse en un hombre locamente enamorado. Si Elizabeth hubiese sido capaz de mirarle a los ojos, habría visto cuán bien se reflejaba en ellos la delicia que inundaba su corazón; pero podía escucharle, y los sentimientos que Darcy le confesaba y que le demostraban la importancia que ella tenía para él, hacían su cariño cada vez más valioso.

Orgullo y prejuicio
Es una novela que muestra la sociedad británica del siglo XVIII. En ella se analiza un objetivo primordial para las mujeres en aquella época: casarse sin perder de vista los intereses económicos y los sentimentales.  El tema principal gira en torno al análisis, por un lado, de los prejuicios de Elizabeth Bennet hacia Fitzwilliam Darcy a raíz de unas primeras impresiones y, por otro lado, el orgullo de clase que tiene Darcy y su comportamiento altivo. También se muestra en el transcurso de la obra la evolución psicológica de los personajes, Elizabeth y Darcy, a raíz de los sucesos y equívocos  a los que se tienen que enfrentar, van madurando y  conociéndose  sin hacer caso a la opinión de otras personas. Todo ello les lleva finalmente a enamorarse.



Jane Austen
Fue una novelista británica que nació el 16 de diciembre de 1775 y falleció el 18 de julio de 1817. Vivió en la época de la Regencia. Su familia pertenecía a la burguesía agraria y muchos aspectos de esta clase social quedan  retratados  en su obras, es el caso del tema del matrimonio. A través de sus cartas se sabe que Jane tuvo algunos pretendientes pero nunca se casó.
Sus obras más conocidas son: Emma, Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio, La abadía de Northanger y El parque de Mansfield.

Realizado por: Raquel Ruiz García. 4ºB


miércoles, 13 de marzo de 2013

El sí de las niñas





           El sí de las niñas es una comedia que trata sobre Doña Paquita, una joven de 16 años obligada por su madre doña Irene a casarse con Don Diego, un sensible y rico caballero de 59 años. Sin embargo, este ignora que Doña Paquita está enamorada de un tal «Don Félix», quien en realidad se llama Don Carlos, y es sobrino de Don Diego. Con este triángulo amoroso como argumento se desarrolla la obra, cuyo tema principal es la opresión de las muchachas forzadas a obedecer a su madre y entrar en un matrimonio desigual y en este caso con una gran diferencia de edad entre los contrayentes.
              La clave de la obra se encuentra en la contradicción que caracteriza a Don Diego en el tema de la educación de los jóvenes y la elección de estado: su práctica, su actuación, no concuerda con la teoría. Pide libertad para la elección de estado (una libertad negada entonces a los jóvenes), critica la falsa concepción de la autoridad por parte de los padres: comprende que ese falso autoritarismo es la raíz de muchos males; quiere que Paquita elija con libertad.
Pero en la práctica, don Diego, que es el protector de su sobrino Carlos, comete con él los mismos errores que critica en teoría. Esta contradicción entre la teoría y la práctica es el hilo que conduce la trama teatral.
Fuente: Wikipedia.


         Este fragmento del libro es uno de los que más me ha gustado porque la madre le pide respeto a su hija, ya que una madre es lo que debe hacer, educar a su hija conforme a  la época en la que vive. Doña Francisca, al igual que todas las hijas debe de comprender que exija ese respeto y esa educación, porque es una madre que busca una estabilidad económica. Y por otra parte, también me ha gustado mucho  el hecho de que Doña Irene le pide confianza y que nunca la abandone y que esté ahí para ella como su madre está para su hija; ahí se nota el amor que se tienen y como en la obra se entretejen convenciones sociales, intereses y sentimientos.

 -DOÑA IRENE: Sin contar con su madre... Como si tal madre no tuviera... Yo te aseguro que aunque no hubiera sido con esta ocasión, de todos modos era ya necesario sacarte del convento. Aunque hubiera tenido que ir a pie y sola por ese camino, te hubiera sacado de allí... ¡Mire, usted qué juicio de niña éste! Que porque ha vivido un poco de tiempo entre monjas... ya se la puso en la cabeza el ser ella monja también... Ni qué entiende ella de eso, ni qué... En todos los estados se sirve a Dios, Francisquita; pero el complacer a su madre, asistirla, acompañarla y ser el consuelo de sus trabajos, ésa es la primera obligación de una hija obediente... Y sépalo usted, si no lo sabe.

-DOÑA FRANCISCA: Es verdad, mamá... Pero yo nunca he pensado abandonarla usted. 

Realizado por: Ayla Syra Gallardo España, 1º Bach A

viernes, 1 de marzo de 2013







- Me apetece 
empezar 
una relación
 formal 
y
enamorarme
locamente
de alguien
 que se enamore 
locamente de mí.








Nunca había oído a Raúl hablar así. Parece decidido a encontrar una chica de la que enamorarse de verdad.
-¿Y no podría ser Eli ese alguien?
- No. No es ella quien está en mi cabeza.
-Pero ¿hay alguien en tu cabeza?- pregunta Valeria desconcertada.
- Creo que sí- confiesa Raúl con una sonrisa dulce.
Una punzada directa al corazón.
- ¿La conozco?
-Me parece que sí.
Los latidos se multiplican por mil en el pecho de Valeria cuando Raúl se aproxima más a ella. No puede ser. Aquello que está imaginando no puede ser. Es imposible.
- ¿Va a nuestra ... clase?
-Ajá
-¿Sí?
Le tiemblan los labios al hablar. Empieza a tener calor. Otra vez los pómulos enrojecidos. Seguro que se le nota muchísimo que está muy tensa. ¿y si fuera verdad? ¿Y si...?
- No vas a decirme su nombre?
-Por supuesto: Valeria
Al oír su nombre se produce una explosión de sentimientos en su interior. No es capaz de reaccionar de soltar las emociones que no le permiten ni sonreír
- Yo...
-¿Tú...?
Raúl en cambio sí sonríe. De una forma divertida. Persigue su mirada esquiva, atrapándola en la suya.


BLUE  JEANS

Selección del texto a cargo de  Abigail Pina y Cristina Díaz      

lunes, 24 de septiembre de 2012

Grupo de lectura




El verdadero escritor, el hombre que hace girar planetas, que modela a un hombre dormido y manipula ansioso la costilla del durmiente, esa clase de autor no tiene a su disposición ningún valor predeterminado: debe crearlos él. El arte de escribir es una actividad fútil si no supone ante todo el arte de ver el mundo como el sustrato potencial de la ficción. Puede que la materia de este mundo sea bastante real (dentro de las limitaciones de la realidad), pero no existe en absoluto como un todo fijo y aceptado: es el caos; y a este caos le dice el autor: «¡Anda !», dejando que el mundo vibre y se funda. Entonces, los átomos de este mundo, y no sus partes visibles y superficiales, entran en nuevas combinaciones. El escritor es el primero en trazar su mapa y- poner nombre a los objetos naturales que contiene. Estas bayas son comestibles. Ese bicho moteado que se ha cruzado veloz en mi camino se puede domesticar. Aquel lago entre los árboles se llamará Lago de Ópalo o, más artísticamente, Lago de  Aguzanieves. Esa bruma es una montaña... y aquella montaña tiene que ser conquistada. El artista maestro asciende por una ladera sin caminos trazados; y una vez arriba, en la cumbre batida por el viento, ¿con quién diréis que se encuentra? Con el lector jadeante y feliz. Y allí, con un gesto espontáneo, se abrazan y, si el libro es eterno, se unen eternamente.
                                      
                                                         Nabokov 
                                                                                                       Lectures on Literature

sábado, 7 de julio de 2012

A pleno sol


Es la primera entrega de la serie dedicada por Patricia Highsmith a Tom Ripley, todo un hito en el campo de la novela policiaca, o tal vez sea mejor decir del thriller. El personaje protagoniza cinco novelas en total, que se han editado en un volumen conjunto. Ha sido llevada dos veces al cine, en la primera con Alain Delon como el "amoral" Tom Ripley, en la segunda lo encarna menos convincentemente Matt Damon. No sólo por el título tomado de la versión en cine de René Clément, y que sugiere la relación de esta novela con el verano, sino porque se asocian en ella la calidad y la intriga, El talento de Ripley es una lectura ideal para este mes de julio.

jueves, 23 de febrero de 2012

El hombre sin atributos, de Robert Musil

   El hombre sin atributos fue escrita entre 1930 y 1942 y quedó interrumpida por la muerte del autor. Los actores principales de esta tragicomedia monumental son: Ulrich, el hombre sin atributos, el matemático idealista, el sarcástico espectador; Leona y Bonadea, amadas del matemático, desbancadas por Diotima, cerebro dirigente de la «Acción Paralela» y mujer cuya estupidez sólo es comparable a su hermosura; y Arnheim, el hombre con atributos, un millonario prusiano cuya conversación fluctúa entre las modernas técnicas de la inseminación artificial y las tallas medievales búlgaras. En los últimos capítulos irrumpe Agathe, la hermana gemela y desconocida de Ulrich, expresión platónica del amor complementario. Alrededor de ellos se mueve la digna, honrada, aristocrática sociedad de Kakania (el imperio austro-húngaro), que vive los últimos momentos de su decadencia antes de sucumbir a la hecatombe de la Primera Guerra Mundial.
   Se trata de una de las cúspides de la novela de nuestro tiempo, incluida en todas las listas de libros esenciales del siglo XX. Consagra la etiqueta de novela filosófica, abre el camino definitivo de la novela-ensayo, elabora una filosofía y una psicología originales, de matices nietzscheanos y con el ideal de una utopía practicable. Al mismo tiempo es una interpretación de los tiempos de crisis (social y personal) y un irónico retrato de la burguesía y el idealismo.
Robert Musil (1880-1942)
Robert Musil inició sus estudios en una academia militar, que retrató en su primera novela Los extravíos del estudiante Törless (1906), magistralmente llevada al cine por Volker Schlöndorff. Estudió ingeniería y se doctoró con una tesis sobre el filósofo de la ciencia Ernst Mach. Uniones (1911) plantea dos estudios de la sexualidad que se sitúan en el límite de lo expresable, son dos relatos de muy difícil lectura. En Tres mujeres (1924) continúa su indagación en el carácter de la mujer en tres relatos extraordinarios. Además de por unos ensayos de gran altura, unas obras de teatro poco convencionales, más interesadas en las ideas que en la acción y unos voluminosos diarios, es conocido por su novela inacabada El hombre sin cualidades (como debería traducirse el título) referencia ineludible de la literatura del siglo XX, inacabada no sólo por la persecución a que se vio sometido el autor por el poder nazi, sino por el propio tema de la obra, situada una vez más en el límite de lo expresable con el lenguaje.

ENLACES:

Entrevista de Oskar M. Fontana a Robert Musil sobre El hombre sin atributos

"Genealogía de El hombre sin atributos", por Juan José Saer

Artículo en PDF de Mauro Jiménes sobre la novela filosófica y El Hombre sin Atributos

 Invitación a la lectura (o "Hasta el gorro de oír hablar de  la Gran Novela Americana")

martes, 14 de febrero de 2012

La Gran Novela Americana (reload)


¿Será Jonathan Franzen un escritor de los que perduran, o sólo flor de unas décadas? Dependerá muy posiblemente de qué referente asuma para el resto de su producción literaria: el éxito mercadotécnico de su última novela o la infatigable brillantez de la penúltima. Se anuncia para el 16 de febrero la publicación de Las Correcciones.

domingo, 12 de febrero de 2012

Lecturas en Semana Blanca

Se aproxima la blanquísima Semana Blanca y dan ganas de encerrarse en casa (a ratos) para leer algo en común y que nos dé juego para charlar y comentar, así que... ¿Empezamos con las propuestas y luego votamos?
 

lunes, 6 de febrero de 2012

El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq

   Como el mismo Houellebecq ha reconocido en diversas entrevistas, con una lucidez que no ha debido hacerle muy popular entre sus colegas de las letras galas, no ha necesitado demasiado para convertirse en el mejor escritor francés, no ha tenido excesiva “competencia”; en un panorama dominado por solemnes mediocridades como Le Clézio, Beigbeder y Cia, sólo el zigzagueante Echenoz le podría disputar el trono, a pesar de sus obvias deficiencias literarias; Houellebecq escribe como un poeta (en raras ocasiones) y un sociólogo (casi siempre), raramente como un novelista, y muchas veces uno tiene la impresión de que no tiene demasiado apego por sus criaturas. Es probable, no obstante, que sea un factor menor. Al final, el rebelde Houellebecq ha ocupado un extraño lugar como continuador de la tradición de Maître à penser, el intelectual “oficial”, de la sociedad francesa que va de Voltaire a Sartre, de Baudelaire a Camus, un epígono final y su máximo crítico. El mapa y el territorio es, repetimos, y a pesar de todo, la mejor novela que ha escrito Houllebecq y quienes lo aman (y también, probablemente, quienes lo odian) encontrarán en sus páginas argumentos de sobra para mantener su opinión.
José Martínez Ros en Estandarte