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jueves, 8 de enero de 2015

Piruleta azul









             Como muchos ya sabéis, justo antes de las vacaciones tuvimos una agradable notificación: dos textos narrativos de alumnos del instituto habían sido seleccionados para ser publicados en la revista FahrenheitXXI.

Nuestra más sincera enhorabuena a los autores de 
EL CONTROL DE LOS ELEMENTOS:
Álvaro Garrido, 
Fernando Conejero, 
Ioan Godenka, 
David Porras, 
e Iván Vergara
También a Bruno Hinkel Rosado por su relato JUAN, EL BOLI.
      Puedes leer la revista y sus textos  pinchando aquí:
        Piruleta azul

      De forma paralela, se ha realizado una exposición desde el 22 de diciembre hasta el 18 de enero en el Hotel Molina Lario donde aún podemos disfrutar de una muestra del trabajo tanto literario como artístico de alumnos con edades comprendidas entre los tres y catorce años.
Exposición:
Del 22/12/2014 al 18/1/2015
Hotel Molina Lario (c/ Molina Lario, 20-22, Málaga)
Entrada gratuita

martes, 29 de octubre de 2013

Minicuentos de miedo


                     Se acercan unas fechas donde  la tradición y la modernidad se mezclan para celebrar el Día de Todos los Santos, el Día de los Santos Difuntos o  la Noche de Halloween.

                    Nuestro compañero Benito Arias, en su blog de la Biblioteca del IES Torre Atalaya,  ha realizado una selección  de Minicuentos de miedo muy "aprovechable" para disfrutar  de la narración basada en el miedo, el desconcierto o el terror.


martes, 8 de octubre de 2013

Estructuras narrativas: el cortometraje

    En los últimos años, cada vez es más frecuente el uso del cortometraje como vía de expresión creativa. Un corto tiene muchas ventajas: es breve, directo, es la imagen al servicio de  una historia que contar y, como no hay fórmulas estrictas, permite  una mayor libertad en cuanto a forma y contenido.
    Algunos, no necesitan ni palabras y sin embargo transmiten con intensidad y dinamismo lo que desde el punto de vista literario denominamos cuento.

     Es fácil encontrar en YouTube  ejemplos tan sugerentes para un  análisis como:

La Luna:

El vendedor de humo:



The fantastic flying books:

 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Recordando a Antón Chéjov



        No sólo estaba deseoso Chéjov de llenarlo todo de verdor, de plantar árboles y flores, de hacer fecunda la tierra, sino también de crear cosas nuevas. Dotado de un carácter muy vital, dinámico, incansable, se entregó no sólo a describir la vida, sino a transformarla,  a edificarla. Se afanó en la construcción de la primera Casa del pueblo de Moscú, con biblioteca, sala de lectura, auditorio y teatro; se encargaría de dotar a Moscú de una clínica para enfermedades de la piel; con ayuda del pintor Ilia Repin organizaría un museo de pintura y bellas artes en Taganrog; pondría en marcha la construcción de la primera estación biológica de Crimea; reuniría libros para las escuelas  de la isla de Sajalín, en el Pacífico y los expediría allá en grandes lotes; construiría tres escuelas para hijos de campesinos, una tras otra,  en las cercanías de Moscú, y al mismo tiempo un campanario y un parque de incendios para los campesinos. más tarde, cuando se trasladó a Crimea, edificó allí una cuarta escuela. Y en general todo lo que era trabajos de construcción le fascinaba, porque en su opinión, esa clase de actividad acrecentaba siempre la suma total de la felicidad humana. Escribió a Gorki: "Si cada hombre hiciera lo que puede sobre su pequeño palmo de tierra, ¡qué maravilloso sería este mundo!"

Curso  de literatura rusa de Vladimir Nabokov

Algunos cuentos de Antón Chéjov en  Ciudad Seva

jueves, 21 de junio de 2012

De "El cuaderno rojo"

Otro amigo, R., me habló de cierto libro inencontrable que había estado intentando localizar sin éxito, husmeando en librerías y catálogos en busca de una obra supuestamente excepcional que tenía muchas ganas de leer, y cómo, una tarde que paseaba por la ciudad, tomó un atajo a través de la Grand Central Station, subió la escalera que lleva a Vanderbilt Avenue, y descubrió a una joven apoyada en la baranda de mármol con un libro en la mano: el mismo libro que él había estado intentando localizar tan desesperadamente.
Aunque no es alguien que normalmente hable con desconocidos, R. estaba tan asombrado por la coincidencia que no se pudo callar.
— Lo crea o no —le dijo a la joven—, he buscado ese libro por todas partes.
— Es estupendo —respondió la joven—. Acabo de terminar de leerlo.
— ¿Sabe dónde podría encontrar otro ejemplar? —preguntó R.—. No puedo decirle cuánto significaría para mí.
— Éste es suyo —respondió la mujer.
— Pero es suyo —dijo R.
— Era mío —dijo la mujer—, pero ya lo he acabado. He venido hoy aquí para dárselo.

Paul Auster: El cuaderno rojo. Barcelona: Anagrama, 1994, pp. 53-54.

Paul Auster (1947)

martes, 22 de mayo de 2012

La oveja negra



En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra.
Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.
                                                                      Augusto Monterroso

sábado, 28 de abril de 2012

La cenicienta de la literatura

   Hasta hace poco eran habituales comentarios como el siguiente: “En un panorama como el que ofrece nuestra literatura no es fácil encontrar a ese escritor que, sabiéndose ya maestro, es capaz de reducir voluntariamente el alcance de su escritura y descender al uso de géneros menores” (El País, 5-VII-81). La crítica se centraba en el más simpático libro de Juan Benet, Trece fábulas y media. Por su lado, Javier Goñi indicaba a Ignacio Martínez de Pisón que “tendría que tantearse ya las fuerzas y aventurarse más allá” (Cambio 16, 22-VI-87) después de sus primeros libros de cuentos; y para “Juan Palomo” era motivo loable que no anduviera parado Agustín Cerezales, “que por fin se atreve con la novela” (ABC, 22-XI-91); así como Ricardo Senabre espoleaba a Manuel Rivas a que hiciera “algo más” con el fin de llegar a producir “esa gran novela gallega hacia la que parecen apuntar, a manera de prometedores ejercicios preparatorios” (ABC, 5-VII-96) libros como el que comentaba, uno de cuentos.
   Bien, la mayoría de los autores hacen caso, abandonan los cuentos, la poesía o el teatro, y se hacen novelistas. Sin embargo, en la historia encontramos autores como Poe, Maupassant, Bierce, Chéjov, Borges, Carver o Monterroso que fueron ante todo cuentistas, y produjeron una literatura a la altura de cualquier otra. ¿Por qué entonces el desprecio al género? ¿Y por qué la falta de interés de los lectores? ¿Cuándo se da el paso al relato largo, que tanto nos gusta, y nos olvidamos del relato corto?
   Pero igual no están olvidados, los cuentos siguen con nosotros, frecuentemente, con intermitencia o al menos de manera ocasional. Hasta puede que tengamos nuestras listas de inolvidables, como esta que publicó El País en el verano de 2010:
   Al margen de listas ajenas, juguemos un rato. Podríamos proponer no el mejor cuento que hemos leído (¡serían tantos!) sino el cuento que quisiéramos leer de nuevo, para comentarlo después en este blog. Por cualquier motivo lo tenemos ahí rondando, y sabemos que vamos a volver a él pronto porque empieza a desdibujarse en la memoria..., pues ahora sería el momento, incluso podríamos montar una pequeña antología de relatos para leer con urgencia.
John Cheever

Katherine Mansfield
Julio Cortázar


Antón P. Chéjov

martes, 10 de enero de 2012

Atenas, años 80

Decidí comprar un libro de mitología para Tap. Lo llevé hasta la caja. Una vez allí, la mujer me señaló a un hombre que había al otro lado de la sala. Le entregué el libro y le acompañé hasta su minúscula mesa de trabajo. Tras sacar un grueso formulario, rellenó un recibo de venta y me lo entregó, sin el libro. Regresé de nuevo a la cajera con mi recibo. Me cobró, estampó el recibo con un sello y me lo devolvió con el cambio. Guardé el recibo en el bolsillo y me encaminé de nuevo hacia la mesita. El hombre había envuelto el libro y en ese momento cerraba el paquete con cinta adhesiva. Me pidió el recibo. Lo saqué del bolsillo y se lo entregué. Me dio una copia en papel carbón. Me la metí en el bolsillo y salí de la tienda con mi libro perfectamente envuelto.

Don DeLillo: Los Nombres (1982)


lunes, 31 de octubre de 2011

Samhain

(...) Lo que vio lo impresionó, ya que me lo ha contado, más de lo que podía concebir de observar un dibujo o un grabado. Y, dado que la imagen que vio ya no existe más, hay solamente una fotografía del mismo (que está en mis posesiones) que justifica sumamente esta declaración. La imagen en cuestión era un grabado en sepia, de por lo menos el siglo diecisiete, y representaba, a primera vista, una escena bíblica, dada la arquitectura (la imagen mostraba un interior) y las figuras, que tenían ese gusto semi-clásico con que los artistas de hace dos centurias creían apropiado para las ilustraciones de la Biblia. A la derecha había un rey en su trono, y este trono estaba elevado sobre doce peldaños, un baldaquín, leones a cada lado; se trataba evidentemente del rey Salomón. Estaba como flexionado hacia adelante, extendiendo su cetro, en actitud de comando; su rostro expresaba horror y disgusto, aunque también imperiosa voluntad y poder. La mitad izquierda del dibujo era lo más extraño de todo. El interés se centraba ahí. En el suelo detrás del trono estaban agrupados cuatro soldados, que rodeaban a una figura agazapada que será descrita en un momento. Un quinto soldado yacía muerto a un costado, con su cuello torcido de forma antinatural, y sus ojos fuera de sus órbitas. Los cuatro guardias estaban mirando al rey. En sus rostros el sentimiento de horror era aún más intenso; parecían, de hecho, que solamente seguían en sus puestos a causa de su ciega confianza en el rey. Todos estos terrores eran inspirados únicamente por el ser agazapado en el centro. Enteramente carezco de palabra que pueda describir la impresión que ésta figura provocaba en cada quien que la observaba. Recuerdo una vez haber mostrado la fotografía del dibujo a un expositor de morfología, una persona que, tuve que decir, anormalmente sana y de no mucha imaginación. Él se negó terminantemente a quedarse solo el resto de la noche, y me contó mucho después, que durante numerosas noches no osó apagar la luz para ir a dormir. A pesar de todo, los principales atributos de la figura trataré de al menos indicar. Lo primero que uno veía era una masa de hirsuto, enmarañado pelo negro, la cual cubría un cuerpo de espantosa delgadez, casi esquelética, pero con músculos firmes como alambres. Las manos tenían una oscura palidez, y, al igual que el resto del cuerpo, estaban cubiertas por el mismo tipo de cabello, y coronadas en horribles zarpas. Los ojos, coloreados con un amarillo ardiente, tenían pupilas de un negro intenso, las cuales estaban
clavadas en el rey mismo, y exudaban un odio bestial. Imagine una de las desagradables serpientes cazadoras de aves de Sudamérica trasladadas a un ser humano, y dotada de una inteligencia poco menor a la de un humano, y usted tendrá un débil concepción del terror inspirado por esta sobrecogedora efigie. Un comentario que es usualmente hecho por quienes han visto la fotografía que tengo es que: "ha sido dibujado del real" (...). 

[Historias de fantasmas de un anticuario, Montague Rhodes James. El original fue publicado en el año 1894]

Porque hay vida más allá de Lovecraft.

 

martes, 28 de diciembre de 2010

Lecturas sobre hielo

Tal vez uno de los más perturbadores cuentos infantiles sea La Reina de las Nieves, de Hans Christian Andersen. Escenas como la del espejo diabólico roto en mil pedazos, una de cuyas esquirlas hiela el corazón de Kay, o el rompecabezas de hielo con el que el mismo Kay tiene que formar la palabra ETERNIDAD si quiere escapar del Palacio de Nieve, removían en  nuestra sensibilidad infantil sedimentos emocionales de los que aún desconocíamos el nombre.

En estas vacaciones domina en el imaginario colectivo una estética invernal nórdica, evidentemente anglosajona: figuras de nieve, abetos, trineos, ciervos... Nuestra experiencia meridional y mediterránea queda lejos de todo eso, pero pese al colonialismo cultural obvio, las navidades son blancas.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Cuentos en la red (3)

Las editoriales, las instituciones, particulares que desean difundir su obra, etc., nos dejan leer muchos interesantes relatos en la red:

Los Premios "Juan Rulfo" de 2009 (prestigioso galardón mexicano) están disponibles aquí:

La editorial Lengua de Trapo tiene la buena costumbre de dejar cuentos o fragmentos de muestra en su web, para "catar" los libros antes de comprarlos:
Por ejemplo, del interesantísimo cuentista noruego Kjell Askildsen (1929), ha publicado sus cuatro libros de cuentos, y deja leer uno de su última colección, el que le da título:
 
Debolsillo ha recopilado, en formato más económico, las tres primeras colecciones de relatos de Askildsen, entre los que se encuentra el estupendo "Elisabeth", destacado por Alejandro Gándara en su blog, con enlace al texto:
Por último, extraído de las breves "notas de Thomas F. para la humanidad", este cuentito de la mala uva: 

La Editorial Alfaguara también tiene esa sana costumbre de colgar adelantos de sus publicaciones, por ejemplo de esta reciente edición de los Cuentos Completos de Marguerite Yourcenar:

De "nuestro" Ricardo Piglia se pueden leer cuentos y críticas en la web de Literatura Argentina Contemporánea

Y no se debe perder de vista la muy extensa lista de autores que son tratados en las mismas condiciones, dando lugar a una abundante antología.

Algo equivalente, pero con los escritores mexicanos, encontramos aquí:

Y la verdad es que así podríamos continuar...

martes, 28 de septiembre de 2010

Cuentos en la red (2)

Cinco obras maestras de la narración: pocas veces se ha logrado tanto en tan poco espacio. Entre el relato largo y la novela corta, son lecturas a las que se vuelve una y otra vez.


Ilustración para "El hombre de la arena"





Edición original de "La metamorfosis"

En la Biblioteca:

Herman Melville: Bartleby, el escribiente / Benito Cereno / Billy Budd (N MEL bar)
Joseph Conrad: El corazón de las tinieblas (N CON cor) 2 ejemplares
Franz Kafka: El proceso / La condena / La metamorfosis (N KAF pro)

sábado, 18 de septiembre de 2010

Cuentos en la red (1)


Ya sea porque los han digitalizado instituciones culturales, editores o particulares en sus blogs y webs, hay una gran cantidad de cuentos disponibles para leer en internet. Con ellos se puede completar una sesión de clase en distintas materias o en horario de tutoría, aprovechando que son recursos accesibles desde los puestos TIC.
Los que se apuntan en esta primera entrega son clásicos de dominio público.

La editorial Punto de Lectura cuelga en su web la novela de Cervantes "El amante liberal":
CERVANTES

Las Leyendas de Bécquer en una edición pdf muy clarita:
BÉCQUER

Los cuentos del Maestro, Edgar Allan Poe:
POE

Cuentos de Juan Valera en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Incluye "El caballero del Azor", "El doble sacrificio", "Los cordobeses en Creta" y otros:
VALERA

Cuentos de Leopoldo Alas "Clarín": "Pipá", "Mi entierro", "Avecilla" y otros:
CLARÍN

Y aquí el estupendo "¡Adiós, Cordera!", también de Clarín:
"¡Adiós, Cordera!"

Uno de los mejores relatos de miedo en español, "La mujer alta", de Pedro Antonio de Alarcón (en la misma web hay más relatos disponibles de este autor):
ALARCÓN

Un cuento que advierte contra los experimentos con animales y logra un gran impacto emocional, "Yzur", de Leopoldo Lugones:
LUGONES

Este mismo cuento, junto con otros clásicos del género fantástico (Don Juan Manuel, Rubén Darío, Horacio Quiroga, etc), se puede leer en una antología con letra más clarita:
Antología de cuentos fantásticos

El emotivo "Flores para Algernon" de Daniel Keyes, otro magnífico cuento de ciencia ficción:
"Flores para Algernon"