miércoles, 9 de diciembre de 2009

Grupo de lectura para el profesorado



En los últimos días se han recibido varias propuestas de profesores y profesoras del centro para formar un grupo de lectura. Abrimos esta entrada como lugar donde exponer nuestras opiniones y propuestas: sugerencias de libros, plazos y formas de llevar a cabo un intercambio posterior de impresiones. Los comentarios a esta entrada están restringidos al profesorado, si bien su lectura es pública.

33 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buenas! Me sumo al grupo de lectura. Qué fantástica idea,y, además tan cerca...!
El que propone Benito ya lo he leído y sí, creo que podría ser un buen comienzo, aunque me gustaría seguir con algo más lúdico. Pero bueno,en el camino...
Gracias y buenas lecturas.
Mª Victoria Martín

Tomás Cuesta dijo...

Bien, en el caso de los alumnos hay varias propuestas a punto de arrancar, y lo único que lo está retrasando es que no llegan los libros que hemos pedido para facilitar el préstamo y la lectura.
En el caso del profesorado, la idea de leer a Pennac tuvo buena acogida pero en un segundo momento se está hablando de algunas novelas. Debo deciros que Cristina Félix se ha ofrecido para coordinar este grupo, así que en unos días aparecerá una entrada suya abriendo el grupo de lectura y proponiendo el libro que definivamente podremos leer en paralelo.

Anónimo dijo...

Empezaremos con EL MAR. Para quien todavía no conoce a Banville es sagaz, tierno –pero no meloso- y sincero a la hora de mostrar las contradictorias emociones de sus protagonistas.
No os voy a contar de qué va la historia pero sí os diré que la trama parte de tres corazones que laten con tal fuerza que se trenzan:
El de su agridulce pasado, el de su terrible presente y el del el omnipresente MAR.
Atentos a ese mar de fondo que, desde un primer momento, destella las claves de la novela...
El mar tiene muchas caras, como la vida misma, como las buenas historias; así que contadme, contadme...

Cristina.

Cristina Félix dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cristina Félix dijo...

Comenzaremos con una novela que ha tenido una buena acogida: El Mar.
Para quien todavía no conoce a su autor, Banville es sagaz, tierno –pero no meloso- y sincero a la hora de mostrar las contradictorias emociones de sus protagonistas.
No os voy a contar de qué va la historia pero sí os diré que la trama parte de tres corazones que laten con tal fuerza que se trenzan:
El de su agridulce pasado, el de su desolador presente y el del omnipresente MAR.
Atentos a ese mar de fondo que, desde un primer momento, destella las claves de la novela...
El mar tiene muchas caras, como la vida misma, como las buenas historias así que contadme, contadme...
Por cierto, para quienes ya la hemos leído atrevámonos con Eclipse (del mismo autor).

Beatriz Cerón dijo...

Me he leído ya El Mar, me gustó, aunque quizás esperaba algo más, se me hizo algo previsible el enlace entre la historia del pasado del protagonista y la presente. Pero recomendable en cualquier caso. Eso sí, ¿no había otra lectura propuesta por ahí? Espero sugerencias. Saludos a todos-as.

benariasg dijo...

Yo también he leído "El Mar", me parece estupenda. De hecho me entró la banvillitis y he seguido con otras novelas suyas, todas muy buenas en general, pero unas más que otras, de hecho no me gusta como novelista de serie negra, ni cuando se pone a cumplir con las reglas("El intocable"). Para mí que lo suyo es el lenguaje, los argumentos parecen secundarios a veces. Algunas de sus novelas son pura poesía, por ejemplo una que se llama "Mefisto": no pasa nada, y lo que pasa da igual, pero qué imágenes... "El mar" también tiene momentos así, y encima la historia es muy atractiva.

Ignacio dijo...

Algunos (Cristina, Tomás y yo)comentamos que podíamos tratar en el grupo de lectura TRES VIDAS DE SANTOS, de Eduardo Mendoza. Sea esta mi primera aportación a este ignoto para mí mundo de los blogs (¿se dice así?)
El libro no me ha decepcionado, aunque creo que no está a la altura de los grandes librito "cómicos" de Mendoza (SIN NOTICIAS DE GURB, el descacharrante VIAJE DE POMPONIO FLATO, incluso EL MISTERIO DE LA CRIPTA EMBRUJADA). claro está que va en otra línea.Me gusta la idea de calificar como santos a esos personajes a veces tan poco edificantes, como el obispo Putucás, para mí el más memorable de todo el libro. Ignacio Plata.

Beatriz Cerón dijo...

Acabo de terminar el libro que habéis recomendado: Tres vidas de santos. Me ha resultado curioso aunque no el mejor del autor. La segunda historia es quizás menos interesante, aunque he de reconocer que el discurso final del personaje no te deja impasible. La primera y tercera sí que tienen algo más. En mi caso, ha sido la tercera la que me ha conmovido más, ya me adelantó algo Cristina y estoy de acuerdo con ella, deformación profesional, claro.

Cristina Félix dijo...

Parece ser que los escritores de este siglo cada vez se centran más en la dificultades comunicativas y el día a día plagado de encuentros y desencuentros.

Cristina Félix dijo...

En el caso de las Tres vidas de santos de Mendoza, leyendo el último relato he sentido un pequeño estremecimiento: ese medio-lenguaje de alumno a medio-terminar y esa profesorilla, práctica y funcional con medio-corazón (porque en esta profesión hay que salvar medio y el otro echarlo al coso) es una combinación bastante frecuente.

Tomás Cuesta dijo...

En una canción de Aute, de hace muchos años, se citaba la siguiente afirmación de Agustín de Hipona: "Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo". Nunca he encontrado la frase en los textos del filósofo, más que nada porque cuando leí sus Confesiones buscaba sobre todo los detalles escabrosos de su lascivia juvenil. Pero ya que hablamos de santos he decidido ajustarme a ese lema, y esperando no ser diagnosticado de un trastorno bipolar, ofrezco a continuación mis dos opiniones sobre "Tres vidas de santos", el libro de Mendoza.

Tomás Cuesta dijo...

Opinión nº1

Mi profesor favorito me contó uan vez que mientras preparaba su tesis doctoral pasó un verano en un monasterio consultando su inmensa biblioteca. Fue un mal verano, decía. Contemplaba los miles de volúmenes que le contemplaban a él desde las vitrinas de la sala y sentia nauseas y vértigo al ser consciente de que ni aunque dedicara toda su vida podría leer todas aquellas obras. Encontré este episodio, el que se vislumbra un ataque de ansiedad literaria, muy familiar: yo he calculado muchas veces cuántos libros podré leer en mi vida.
Supongamos que uno conserva el juicio lector durante 60 años, y que lee un libro a la semana. Eso son unos 3000 libros en total. Si de esos reservamos el 80% a la ficción, estamos hablando de que uno podrá leer en su vida algo así como 2500 libros.
¿Qué 2500 libros te llevarías para única vida?
Sólo en España se publica cada año una cantidad mayor que esa cifra. Por ejemplo se acaba de publicar "Tres vidas de santos". ¿Debería estar en esa lista?
No.
Puede que tal vez La ciudad de los prodigios, o quizá los de Gurb o Pomponio Flato de los que habla Ignacio. Pero estos relatos, que se leen bien, no son tan brillantes como para ponerlos en mi lista sagrada.
Durante casi treinta años le he dado muchas vueltas a esta lista, y actualmente la cuestión la he simplificado con el siguiente criterio: ¿Merece este libro una relectura? Si es así, lo incluyo en la lista...
Es evidente que el libro de Mendoza no invita a una relectura, ni ahora ni dentro de veinte años. Al contrario de los que he citado del mismo autor más arriba.
Las razones son igualmente evidentes: la sintaxis es perfecta, como puede esperarse de un profesional; pero no hay artesanía, y el estilo es rotundamente previsible. Los argumentos son igualmente previsibles, excepto en el último relato.
Espero objeciones.

Tomás Cuesta dijo...

Opinión nº 2

Resulta maravilloso encontrar jugarretas del destino como la que estamos viviendo con la lectura del libro Tres vidas de santos, de Eduardo Mendoza. Yo no soy muy aficionado a la lectura de cuentos (Chejov, Cheever y otros escritores aparte, incluso algunos que no empiezan por "Che"), y eso en teoría me haría más refractario al texto. Pero resulta que el primero de los cuentos del libro no es un relato, sino un amago de novela, una muestra de la creatividad y de la facilidad con que Mendoza construye un universo completo: época, ciudad, familia, personajes, misterios... en unas pocas páginas. El estilo es perfecto: como en una sinfonía matemática, cada palabra ocupa el lugar que se espera en este pastiche que con ironía reconstruye una historia divertida y tras la cual uno se queda con ganas de saber más, y sobre todo en mi caso, de acercarme a obras de Mendoza que nunca, por mis prejuicios, he abordado: Gurb, Pomponio Flato...
El primer cuento y el segundo tienen, por otro lado, algo del TBO, aquella publicacion de cuando yo aún no era ni niño: curas regordetes y caricaturizados, africanos que preparan al fuego una olla inmensa en medio de una ceremonia...
En fin, el segundo cuento es raro pero de una extrañeza onírica, casi simbólica, y seduce por lo ambiguo de la mayor parte de lo narrado.
Y en el tercero hemos encontrado, como dije al principio una jugarreta del destino: nosotros, profesores que aspiramos a redimir a la juventud mediante la lectura, elegimos, sin saberlo, leer un libro en el que se riza ese propósito, lo que nos permitirá hablar y repensar nuestra labor y la ajena. En el tercer cuento, además, se encuentra uno con un sugerente itineario lector, y con un estilo depurado, seco, en el que no todo se dice porque más bien se muestra.


ANEXO
El mar, de John Banville, lo leí hace casi un año. Pese a todo, como era un buen libro, conservo algunas ideas claras sobre él. Otro día las dejaré aquí, también con cierto interés polemista.

Beatriz Cerón dijo...

¡Ay, Tomás! ¡qué retórica la tuya! reconozco que me he reído mucho con tus comentarios y no porque me produjese hilaridad el contenido, sino porque yo también me he preguntado cuál sería el cálculo de los libros que podría leerme en vida, pero he de reconocer que nunca lo he hecho porque soy un poco vaga (se notará en lo escueto de mis comentarios). En fin, y puestas a criticar, la sintaxis no es perfecta, a nuestro escritor se le escapa un leísmo no permitido por la gramática española en una de sus páginas. Saludos lectores.

benariasg dijo...

He ido leyendo el libro de Mendoza para atrás, porque me he ido directamente al que habéis destacado, y sí, el tercero me ha parecido el más interesante; pero inverosímil. Lo mismo digo para el segundo, que además cae en unos chistes de TBO, como bien dice Tomás, que no pegan. Por último, el primero, que es el más largo, que trata de curas y de una familia enorme (tres condiciones que me levantan bostezos) ni siquiera lo he seguido después de las dos páginas de genealogía. Mendoza escribe bien (es decir, "correctamente"), pero eso se le supone al escritor, de nuevo de acuerdo en que uno espera más de esos 3000 libros que vamos a leer, ja ja.

Cristina Félix dijo...

Decididamente, acabo de volatilizar Tres vidas de santos así que vamos al tema turbador y causante de salir de la trinchera: el número de libros interesantes que podría leer...
Hay dos maneras de superarlo. La primera que probé fue la más dolorosa y caprichosamente pueril: De tajo. –Pues ahora no leo ni un solo libro más; bastante tengo con releer a los clásicos, ea.- Pero cada vez que oía a alguien comentar un texto novedoso las manos me picaban y un gusanillo blandengue y hambriento me sonreía masticando celulosa en mi cerebro...
La segunda opción fue enfrontarlo y relativizarlo: -Sé que no podré leer todo lo que quisiera, los minutos pasan, el gusano es voraz y los libros se multiplican como los crisantemos en el césped. Así que jugando con el cálculo de las posibilidades, muchas veces me he preguntado cuántos hijos podría haber tenido, cuántos sabores no he probado y cuántas emociones aún no he descubierto... ¿Y los besos?, ¿los he dado ya todos o me faltará el tiempo para darlos?, ¿Y el sutil olor de los almendros en un frío atardecer? , ¿y cuántas miradas profundas de una asombrosa claridad recibiré? (De esas que me gustan tanto). Y así podría seguir indefinidamente, haciendo cálculos. Listados innumerables como mis colecciones infantiles de piedras bonitas, de palabras sonoras o mi catálogo de olores-recuerdos.
Pero hay algo más ominoso: ¿Y cuántas buenas situaciones reales me estoy perdiendo si dedico todo el tiempo a leer? Porque en cualquier momento puede saltar la chispa, la buena conversación, las palabras espontáneas y vivas y lo mejor de todo: la buena gente que te regala un buen libro para saborear -que no es otra cosa que el reflejo de uno mismo, del que lo lee y del que lo ofrece-. Porque un buen libro no es otra cosa que una persona materializando pensamientos y corazón a través de las palabras y encima mejor que tú.
Porque lo que más me gusta de un libro es poder decir -¡pero que bien lo ha escrito, es lo mismo que quería decir yo! -Y por otro lado, la serpenteante envidia susurrando: -Ya lo ha dicho-. Está todo dicho ¿o no? . Pero eso, eso es otro tema...

Ignacio dijo...

Vista la calurosa acogida recibida por mi propuesta de la lectura del libro de Mendoza, no me queda más remedio que entrar al trapo de los protervos comentarios vertidos, en especial por nuestros amigos filósofos. Vayamos por partes: en primer lugar decir que un libro solo está bien escrito me parece una flagrante contradicción, cuando no un ejercicio, seguro que inconsciente, de exagerada autosuficiencia. ¿Es que no justifica una lectura el hecho, últimamente tan poco común, de encontrarnos un texto bien escrito? ¿qué esperáis encontrar en una historia de ficción? ¿la sabiduría universal, el bálsamo a todos los dolores , el karma? Yo creo que se trata de tres historias muy bien contadas, con su porción de humor, de ingenio, de profundidad y capaz de proporcionar, nada más y nada menos, que unos muy buenos ratos de lectura. Para mí, todo eso hace que merezca la pena sobradamente su lectura.
Claro que lo anterior nos lleva inevitablemente al segundo asunto trascendente surgido en el debate: LA LISTA DE LOS TRES MIL. Creo que intentar confeccionar un listado de los libros que pueden tener el honor de ingresar en mi catálogo de elegidos es un múltiple error: por un lado volvemos a la sensación de autosuficiencia, por otro lado es un ejercicio imposible, y destinado al fracaso, de controlar lo que la vida me depara. No sabemos si vamos a morir mañana o dentro de cien años. ¿Así que por qué tres mil, y no uno, o diez mil? Pienso que la buena decisión es actuar como si tuviésemos todas las posibilidades eternamente abiertas, tanto en los libros como en los besos (según el dilema de Cristina). Al menos a mí lo contrario me llevaría a un escrutinio de las horas y los minutos que, al modo quevedesco, azadas son que cavan en mi vivir mi monumento, y no tengo ningún interés en mantener ese sentimiento barroco y trágico de la vida.
En pocas palabras, mejor vivir confiada y alegremente las sorpresas agradables (libros, besos, amistades, amores, películas,…) sin estar continuamente considerándolos una resta de nuestro limitado número de placeres, sino una suma que agranda mis posibilidades de feliz relación con la vida.
Espero que mis opiniones no desaten los temibles demonios polemizadores de mis compañeros-as. Pero si es así, dispuesto estoy a la batalla. Hala.

Pilar González dijo...

Hola a tod@s, después de tropezarme con Cristina (o ella conmigo) en un pasillo y aceptar su amable invitación para participar en este grupo de lectura, he sacado el libro de Mendoza de la biblioteca y me dispongo a leerlo.
De entrada, deciros que Mendoza es uno de mis autores favoritos, me parece de una agudeza imprescindible, nunca me deja indiferente.
Y por cierto, acabo de ojear los comentarios anteriores de este hilo del blog y me he encontrado con una acalorada discusión sobre los conjuntos infinitos numerables y los no numerables.
Borgiano... Interesante... esto promete.
Ala, yo a lo mío, a hacer los deberes, me leo el libro y os cuento que me ha parecido.
Besos.
Pilar.

Pilar González dijo...

Hola a tod@s, después de tropezarme con Cristina (o ella conmigo) en un pasillo y aceptar su amable invitación para participar en este grupo de lectura, he sacado el libro de Mendoza de la biblioteca y me dispongo a leerlo.
De entrada, deciros que Mendoza es uno de mis autores favoritos, me parece de una agudeza imprescindible, nunca me deja indiferente.
Y por cierto, acabo de ojear los comentarios anteriores de este hilo del blog y me he encontrado con una acalorada discusión sobre los conjuntos infinitos numerables y los no numerables.
Borgiano... Interesante... esto promete.
Ala, yo a lo mío, a hacer los deberes, me leo el libro y os cuento que me ha parecido.
Besos.
Pilar.

Pilar González dijo...

Antes de nada, y a título general, conste que esto de leer un libro y luego comentarlo, es, para mí, como someterse al test de las manchas de Rorschach: ¿...y tú que ves aquí?... y eso es lo que voy a hacer, contaros lo que he visto, sin más pretensiones de ningún tipo.
Procedo.
Ya he leido "Tres vidas de santos" de Eduardo Mendoza, y como siempre me ocurre con este hombre, de manera compulsiva.
A priori me resultaba curioso comprobar a qué tipo de criatura podía calificar Mendoza como santo (en un sentido ámplio, y metafórico, ilúminado, héroe, psicótico, y otras desviaciones de lo común...).
Pues bien, se trata de tres curiosos personajes que alcanzan la iluminación a través, no de un propósito deliberado, sino de los vaivenes a los que les somete la vida, vaivenes que en los tres casos implican la deslocalización de su entorno natural y su consiguiente pérdida de referencias.
Y como no puede ser de otra forma, tratándose de Mendoza, ese estadío superior de conocimiento, no es otro que el descreimiento más absoluto y la conciencia y valiente asunción de ese propio descreimiento.
Discrepo en la valoración de los cuentos, a mí el que más me ha gustado por su desnudez es el segundo, y sí, también aprecio en él, como Tomás su aire onírico y demoledor (la descripción de las guerras en Europa, p.ej, la del buen e incomprendido hombre blanco que ayuda a los pobres salvajes sodomitas y/o caníbales, etc)
El primero me parece bastante difuso y mal rematado. Demasiada Barcelona y "buenas costumbres" para un cuento, y demasiada poca para una novela.
Y el tercero, curioso como material de reflexión para todo el que ejerza la docencia o haya sido alumno, pese a lo exagerado de los acontecimientos.
Bueno, en conclusión: me ha gustado, y bastante. No sé que número tendría en mi lista, no estará entre los 20 primeros, pero tampoco entre los 20 últimos.

¿Cual es el próximo? Voto por el último de Lorenzo Silva, La estrategia del agua. Yo lo voy a leer en cualquier caso. Soy adicta y tengo el mono.

Besos

Tomás Cuesta dijo...

Creo que es en "Sopa de ganso" donde el más descacharrante de los dos Marx (hermanos aparte) dice algo así como "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros". Inspirado en este marxismo tan poco logocéntrico, mi reseña sobre el libro de Eduardo Mendoza ofrecía dos opiniones que yo intenté dibujar no sólo diferentes sino casi contradictorias (intentar dista mucho de lograr). De una forma u otra, hemos conseguido entre todos el propósito de ofrecer una visión múltiple de un mismo texto. Cada libro (cada texto) ofrece una oportunidad para el acercamiento o para el desencuentro. Es cierto, con nuestros comentarios sobre "Tres vidas de santos" hemos trazado finas líneas de desencuentro. Pero son mucho mayores las gruesas marcas del acercamiento en el caso de otros libros que ahora me vienen a la memoria. En otras ocasiones, Benito y Cristina se han deleitado hablando de "El mar" de John Banville, hemos compartido con Ignacio el universo judío y escéptico de Philip Roth, o más recientemente Cristina y yo nos hemos asomado a la inmisericorde magia de Katherine Mansfield. Esas marcas traspasan el papel que hemos leído. Mirando más atrás, aún recuerdo la fiebre con que descubrimos muchos compañeros de este centro los libros de Sandor Marai cuando Salamandra comenzó a publicarlos. ¿Qué nuevas sorpresas nos esperan en los siguientes libros? Como Ignacio propone en su entrada, la vida y sus incertidumbres nos aguardan. Incluso en las relecturas se encuentra margen para esas sorpresas: a veces lees el mismo libro que te gustó diez años atrás y ahora se te cae de las manos; otras veces la obra que no pudiste terminar ahora te inunda y te resulta magistral. Se equivocaba el querido Groucho Marx. No tenemos sólo dos principios: son incontables (pero no infinitos, ¿verdad, Pilar?).

Pilar González dijo...

Hace días que quería incluir un comentario relativo a las limitaciones humanas y el desasosiego que nos produce lo inabarcable, pero como soy nueva en el foro, tampoco quería resultar cansina.
Ahora resulta, Tomás que no sólo me lanzas el guante, si no que te me has adelantado.
La idea que quería aportar no era otra que la de que el mismo libro, la misma película, el mismo cuadro, sometido a distintas ópticas, evoca diferentes imágenes (la prueba, este mismo foro), y como corolario, y dado que cada uno de nosotros es el (la) mismo (misma) y diferente a la vez (uf, que bien, encontré un adjetivo neutro) a lo largo del camino que nos toca recorrer, la misma obra en distintos momentos de la vida, nos devuelve cambiantes reflejos de la realidad y de nuestro perplejo yo.
Por citar un sólo ejemplo: leí Cien años de soledad a los 14 años, a los 19, y a partir de ahí un par de veces más, y os aseguro que cada caso encontré diferentes valores.
Eso por hablar de novelas, que si pasamos a la poesía... la cosa se agudiza.
Mi postura es la de Ignacio: relájate y acepta y disfruta de lo que venga, no vaya a ser que a los dioses les de por castigar tu hybris, y eso puede ser muy chungo.
Por cierto, y cambiando de tercio, algun@s compañer@s me hablan de hacer una "kedada" ¿que hay de eso? ¿prospera la idea o no?
Si la vamos a hacer, que sea como ésta, a ser posible:
http://www.youtube.com/watch?v=GvWWC4sFd4w
Y finalmente, volviendo al tema del próximo libro y aunque ahora estoy con El mar de Banville, por aquello de recuperar el tiempo perdido ¿qué me contáis, cual va a ser?.
Besos (y besas).
Pilar

Beatriz Cerón dijo...

Hola a todos y todas, vamos a ser coeducativos. Ahora que tengo tiempo para leer, estoy ansiosa de oír sugerencias de nuevos títulos. Como habéis apuntado, cada libro tiene su momento, por poner un ejemplo me releo a ratitos El Quijote, sin prisas, cuando me apetece, está siempre en la mesita de noche por si acaso, y me encuentro con Maritornes de nuevo y con los galeotes y demás episodios y me río en silencio (y a veces hasta en voz alta) y lo disfruto más ahora que en mis anteriores lecturas, probablemente porque me estoy haciendo mayor y me acerco a la edad de Don Miguel, que ya era un señor de canas cuando lo escribió (¡he dicho que me acerco a la edad, no que la tenga, cuidado!)
En fin, que seguid añadiendo títulos, por favor. Curiosamente, me encontré el otro día un libro llamado El gusano del mezcal, de estos que te dan en el periódico dominical y me gustó, me pareció ingenioso, de lectura fácil y entretenida, que no es poco. Me despido, besos lectores.

Pilar González dijo...

Hola a tod@s
Acabo de leer el comentario de Beatriz y de buscar reseñas del libro que propone: "El gusano del mezcal". Me ha picado la curiosidad (o el gusano), y suscribo la sugerencia, que viene la Semana Santa y hay tiempo para leer.
Yo, por mi parte, ya me leí el de Lorenzo Silva, y me ha gustado. Es actual y valiente. Se mete en un jardín bastante delicado, aunque lo más sorprendente es que la historia está basada en hechos reales como dicen en la tele. Quizás sea la obra con más carga política y social de la serie de Bevilacqua y Chamorro, y la que tiene menos giros en la trama.
Los detectives van cumpliendo años "en tiempo real", como hacemos sus seguidores, y hay algunas novedades.
Desde aquí la pongo a vuestra disposición para quien la quiera leer (ahora la tiene Ignacio).
Un beso, y paciencia entre evaluaciones, que ya queda menos.
Pilar

Cristina Félix dijo...

Por lo menos os comunico rápidamente que me atrae mucho El gusano del Mezcal y su autor (Miguel Sandín). Así que adelante. En cuanto pueda os comentaré algunas cosillas sobre El Mar y otros dilemas...

Tomás Cuesta dijo...

Hay compañeros y compañeras que están leyendo y alabando cierto librito:

http://juandelaciervabiblioteca.blogspot.com/2010/03/84-charing-cross-road.html

Pilar González dijo...

Hola a tod@s.
Ya he terminado de leer El mar, por fín, y para quien le guste la polémica, y aún a riesgo de que os parezca que tengo la misma sensibilidad que una ameba, allá voy.
Son poco más de 200 páginas, pero a mí me han parecido 200.000.
Lo calificaría como "Triple A": ampuloso, afectado y anodino, o también como "Triple P": pesado, pasado y predecible.
No me ha gustado nada, vamos, para ser breve diré que me ha parecido una castaña pilonga "intolerable", adjetivo, por cierto, que utiliza el autor hasta la náusea.
Será quizás que mi alergia a los ácaros se exacerbe ante tanto "British Old Style" y tanta contención emocional.
De su puesto en mi lista de los 3000 para qué os voy a contar... os lo imagináis.
Besos, y hasta pronto, que ya queda menos para el retorno.
Pilar

Cristina Félix dijo...

Bueno, bueno... por fin empiezan a aparecer nuevas opiniones sobre El Mar. Desde luego, entre todos los calificativos valorativos sobre MI apreciada novelita, el que más me ha agradado, por su sonoridad y valor culinario, ha sido el de “castaña pilonga”.
La verdad, Pilar, es que tienes toda la razón; pues es precisamente de las castañas pilongas que “se obtiene la harina de castaña de textura fina y sabor delicado”.
Precioso y perfectamente aplicable a El Mar. Claro que para ello tienen que gustarte las castañas, apreciar sinestésicamente todos sus valores y paladearlas sin prisas.
Por cierto, tanto para las castañas pilongas como para El Mar hay trucos para pelarlas con facilidad.

Pilar González dijo...

Para gustos, los colores, ya te digo.
Siguiendo por lo culinario, en Colombia las hormigas culonas fritas se consideran una delicia,... y yo no digo que no lo sean. Todo es relativo (incluida esta afirmación)

Y una aclaración entorno a la castaña pilonga, lo peor no es pelarla, por lo general el problema estriba en hincarle el diente, lo cual hace necesario un árduo procesado: hay que molerla y añadirle ingentes cantidades de azucar y especias para hacerla agradable al gusto.

Me quedo con el mango, la verdad, por que sino mi famosa "lista de los 3000" se me quedaría en la "lista de los 3".

Y no quiero terminar mi comentario sin añadir un toque herético a la discusión: en similar registro literario, prefiero mil veces Los buscadores de conchas de Rosamunde Pilcher... ¡ahí queda eso!

Besos: Pilar

Tomás Cuesta dijo...

Queridas compañeras: os recuerdo que hemos abierto una entrada independiente para "El mar", así como para el resto de libros que se van proponiendo en el grupo de lectura. De ese modo todo está más ordenado, y es que en definitiva somos personas de orden (si bien no de este orden).
Colocaré allí vuestro rifirafe sobre Banville y ruego a los demás que se dirijan allí para seguir charlando amistosamente...

Cristina Félix dijo...

A veces nos movemos en la vida más por lo que deseamos que por lo que tenemos en realidad.
Usando no poca imaginación, me gustaría encontrar cierto hermanamiento entre dos personajes tan dispares como Vila (La Estrategia del agua) y Max (El Mar).
Tanto uno como otro hacen reflexiones y valoraciones sobre hechos cotidianos y superfluos. Es el valor del detalle, de la imagen en la retina sin importancia pero que lo es todo en una historia vivida. Uno es detective, el otro, escritor.
También, en los dos, la sombra de la muerte, como un ciprés alto y oscuro, permanece constantemente, día y noche. Por eso, ambos necesitan volver al pasado, para que el presente cobre la fuerza de la realidad.
En los dos hay acertados pensamientos estoicos, Max los va dejando caer gota agota para diluirlos en el mar de su duelo y Vila te cita a Epicteto para que te lo leas.
Y hasta ahí puedo llegar, que no es poco.

Como ejemplo Basta leer:
(Mañana sigo)
"Quizá sea porque en medio

Anónimo dijo...

Queridos amigos:
¡Ya estoy aquí! Muchos de vosotros me considerabais incapaz de entrar en este laberinto electrónico, pero estas líneas son un alegato conta vuestro escepticismo. Una nueva Ariadna me ha dado el hilo para no perderme, y gracias a ella podré participar de esta tertulia virtual, aunque me gustan más las acompañadas de chocolate y magdalenas,si es posble hechas por Cristina.
¿Qué libro leer? Doy mi voto a la última novela de John Le Carré. Este antiguo espía de los servicios secretos británicos nos puede llevar al inquietante mundo en el que vivimos, al oscuro y complejo entramado del poder en este principio de siglo.
Olvídemos a los masones y demás conspiraciones grotescas, y entremos con esta novela en las esferas del Gran Poder.
Siempre con vosotros,
Eduardo.