viernes, 11 de febrero de 2011

Peter Singer y la revolución vegetariana

Leemos en la contraportada de Somos lo que comemos que según The New York Times "no hay otro filósofo vivo que tenga más influencia". Si por "influencia" entendemos capacidad para influir en la vida de la gente, esta afirmación no está desencaminada. Hay que tener en cuenta que en general la notoriedad de los filósofos en vida es más bien escasa; pero el ético Peter Singer (Australia, 1946) ha conseguido ser conocido, criticado y seguido por muchas más personas de lo que podríamos pensar. El motivo es que Singer encabeza una actitud ética ligada a la ecología y la vida alternativa que sitúa en la base de sus preocupaciones los derechos de los animales y, a partir de éstos, aconseja una reforma radical de los hábitos alimentarios de la humanidad.
Según relata el propio Singer, el cambio en su vida vino de la mano de un compañero de estudios durante la universidad, que le explicó en cierta ocasión por qué no comía carne. Esa charla fue dando lugar a una reforma de los hábitos del propio Singer, quien situó en el centro de sus estudios los temas ligados a la producción de carne para el consumo humano y la moralidad de nuestro trato a los animales.
Tanto en Liberación animal (1975) como en Somos lo que comemos (2006, en colaboración con Jim Mason) explica cómo la producción de carne en Occidente es de una crueldad apenas tolerable (léase por ejemplo la descripción de la corta vida de los pollos criados en las granjas industriales de Estados Unidos), pero es que además las consecuencias ecológicas de la cría masiva de animales para el consumo esquilma los recursos de la producción agrícola (millones de toneladas de cereales han de destinarse a la producción de pienso), el agua y los pastos salvajes; por otro lado, se talan bosques para producir más y más cereales y maiz, se modifican genéticamente las plantas para hacerlas más productivas, se aniquilan especies que entran en conflicto con la producción ganadera  y se contamina con todo tipo de antibióticos y sustancias químicas a los animales, siempre enfermos por culpa de las condiciones de su insalubre vida.
Si miramos al mar, los resultados no están muy alejados: la pesca por arrastre acaba con  toneladas de especies descartadas, los grandes bancos del pescado más apreciado (atún, salmón, ballenas, etc.) están prácticamente en las últimas, y el auge de las piscifactorías hermana la producción del pescado con la de la carne terrestre.
Más allá de la crueldad en el trato con las gallinas ponedoras de huevos, los pollos cebados para consumo, las terneras y cerdos masivamente sacrificados en las cadenas industriales, hallamos estas consecuencias para el planeta directamente derivadas del consumo de carne por la humanidad: la erosión, la deforestación, la escasez de agua, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación del aire y de las aguas, el cambio climático, la injusticia social y buena parte de las enfermedades ligadas a la obesidad, la malnutrición y las contaminaciones alimentarias.
La postura personal de Peter Singer está clara: la mayor revolución que se puede todavía llevar a cabo en Occidente es muy sencilla, dejar de comer carne y pescado. Últimamente muestra cierta tolerancia con el consumo ocasional de productos derivados de la cría ecológica (leche y huevos, por ejemplo), y tampoco cae en el radicalismo de vigilar todo tipo de etiquetas para evitar la relación con productos de origen animal (algo que es frecuente en los seguidores del veganismo más extremo); pero la recomendación sigue siendo ésta: dejar de comer carne es la mejor forma de procurarse una vida más sana y conservar la riqueza ecológica del planeta.

En la biblioteca:
Peter Singer: Liberación animal. Trotta (17 SIN lib)
Peter Singer y Jim Mason: Somos lo que comemos. Paidós (17 SIN som)