viernes, 1 de febrero de 2013

Leer a Philip Roth


 
Dice la Wikipedia, y bien dicho está, que Roth nació en 1933 y que es un escritor estadounidense de origen judío, famoso sobre todo por sus novelas. Exhibe Roth un materialismo perspicaz, una maestría inimitable para mostrar con palabras justas los recovecos del hecho humano. Sin rodeos. Sin tapujos.

No nos cansamos de leer a Roth.

El lago helado en un circo de montañas, del que Zuckerman se alejaba con visible inquietud y temor ante una visión tan pura y apacible como aquella: un hombre solitario sentado en un cubo, pescando a través de 45 centímetros de hielo en un lago que constantemente renovaba su agua en lo alto de una arcádica montaña de América. (...) Debo decirte que yo no creo en la muerte y no experimento el tiempo como algo limitado. Sé que puedo vivir tres horas o 30 años, pero esto ya no es una presión sobre mí. Creo que por fin terminaron las interrupciones porque el tiempo está de mi lado.
 (La mancha humana)
 

Estar a solas también me permitía experimentar a fondo mis sentimientos, sin tener que parapetarme tras una apariencia de virilidad, de madurez o de filosofía, Así, cuando me apetecía llorar, lloraba, y nunca me vinieron más ganas de hacerlo que en el momento de extraer del sobre las imágenes del cerebro de mi padre; y no porque supiera identificar fácilmente el tumor que lo invadía, sino sencillamente porque era su cerebro, el cerebro de mi padre, el que lo llevaba a pensar del modo franco y abierto en que pensaba, a hablar con la energía que hablaba, a tomar las decisiones del modo impulsivo en que las tomaba. Ése era el tejido en el que se habían fabricado sus interminables cuitas y que llevaba más de ocho decenios poniendo base a su testaruda autodisciplina, el origen de todo lo que me mantuvo frustrado, como hijo suyo, durante la adolescencia, la cosa que rigió nuestros destinos mientras él poseyó todo el poder y pudo determinar nuestras intenciones.
(Patrimonio. Una historia verdadera)



 El temor gobierna estas memorias, un temor perpetuo. Por supuesto, no hay infancia sin terrores, pero me pregunto si no habría sido yo un niño menos asustado de no haber tenido a Lindbergh por presidente o de no haber sido vástago de judíos.
(La Conjura contra América)


Un hombre joven dará con ella y se la llevará. Le veo. Le conozco. Sé lo que es capaz de hacer porque ese hombre soy yo a los veinticinco años, todavía sin la esposa y el hijo; ese hombre soy yo sin curtir, antes de que hiciera lo que todos los demás hacían. 
(El animal moribundo)



 

 The Philip Roth Society

Roth en el cine

 Un blog que lleva el título de una de sus primeras y más furibundas novelas


 Fetiche: una hoja de Patrimonio

 [Phillip+Roth+Manuscrito.jpg]

15 comentarios:

Cristina Félix dijo...

¡Qué rapidez! Muchas gracias, Tomás.
Entre todas las novelas de Roth, hemos elegido La mancha humana.
¿Cuándo empezamos? Ya, ahora. No he leído nada de este autor, la tentación de analizar por encima su grafología me hace observar que es muy meticuloso: ha corregido al menos dos veces el texto, una primera en rojo y, para distinguir, la segunda en negro. Letra densa, ideas abstractas como si alzaran el vuelo pero muy apegadas a la tierra o a las raíces. Una fuerte inclinación hacia la derecha delata la pasión por contar, por dejarse caer en manos del "enemigo", ese lector sin rostro que le hace desesperarse en cada línea donde tacha frenéticamente hasta ocultar cada término fallido. ¡Divinamente humano! Por cierto, buscando y buscando atraída por el cuadro de Egon Schiele, he encontrado un libro de poemas del pintor que más bien parecen pequeñas visiones luminosas:
“Allá arriba, en el país susurrante cercado de densos bosques, camina lentamente el hombre blanco exhalando -humo- azul y respira, y respira todavía los blancos vientos del bosque.
Recorre la tierra con olores de cueva y lo mismo llora que ríe.”
Augurios de un buen comienzo para este autor.

Pilar González dijo...

Ya he empezado a leerlo. Me gusta, engancha. Es directo, tiene nervio, mucho nervio y no es tan deprimente como me temía.

Vengaaaa! A leer, que hay que predicar con el ejemplo (y está en los trece mil).

benariasg dijo...

Llevo 100 págs. Así que hay vida a los 71... La escena del baile entre Coleman y Nathan es genial.

Pilar González dijo...

Sí, sí, Zeus desatado y el eunuco incontinente. Si lo hubiera visto Madame Roux...

¡Que alegría Benito, tenerte por aquí de vez en cuando!.

I'm missing you...¡snif!

Cristina Félix dijo...

Pues ya veréis en el capítulo dos la increíble caracterización que hace de Nelson Primus, una "joven pantera con gemelos y traje a rayas" o "un maestro vocinglero" (según como se mire) casado con una doctora en Humanidades.
Es para enmarcar el análisis brillante del bienpensar de una sociedad burguesa y pacata, atrincherada en Athenas (aquí ni los nombres son una casualidad) deseosa de una acción trivial que desencadene una catástrofe. Y cuando ya crees que no se puede decir nada más sigue la narración con una titubeante autorreflexión de la pantera vocinglera convertida en gato. Admirable.

Cristina Félix dijo...

¿Por dónde vais? Voy justo por la mitad y hay algo en este libro que me causa pavor. Roth no relata. Roth disecciona aun estando sus personajes vivos y lo hace sin anestesia.
¿Quién es verdaderamente Coleman? Es un personaje complejo, lleno de matices, tiemblo de ver como le va cortando tendones, levantando capas, mostrando tejidos internos... sin embargo a Roth no le tiembla ni el pulso. En un momento determinado me he acordado de una frase de Kundera que tengo por ahí:
"El hombre desea un mundo en el cual sea posible distinguir con claridad el bien del mal porque en él existe el deseo, innato e indomable, de juzgar antes que de comprender.” [...] la sabiduría de la novela (la sabiduría de la incertidumbre) es difícil de aceptar y comprender." Y esta novela está llena de incertidumbres: ¿Es justificable esa huida del pasado? ¿Busca Coleman otra identidad para hacerse a sí mismo o para engañarse a sí mismo? ¿El precio para alcanzar la ansiada libertad lleva siempre consigo que otros se conviertan en las víctimas de las decisiones tomadas? ¿La represión de las libertades viene desde fuera o desde dentro?, ¿cuál es la más dañina?. Tomando como punto de partida el origen etimológico de la palabra tragoidía ¿el final tiene que ser inevitablemente trágico?

Cristina Félix dijo...

Otra perla: "Vio el destino que le aguardaba, y no estuvo dispuesto a aceptarlo. Lo comprendió intuitivamente y se replegó de una manera espontánea. No puedes permitir que los grandes te impongan su intolerancia, del mismo modo que no puedes permitir que los pequeños se conviertan en un nosotros y te impongan su ética. No aceptaría la tiranía del nosotros, la cháchara del nosotros y todo lo que el nosotros quiere volcarte encima. Jamás se doblegaría ante la tiranía del nosotros que se muere por absorberte, el nosotros coactivo, inclusivo, histórico, ineludiblemente moral con su insidioso E pluribus unum. Ni el ellos de Woolworth's ni el nosotros de Howard, sino el puro yo con toda su agilidad. El conocimiento de sí mismo: ese era el puñetazo en la boca del estómago. La singularidad. La lucha apasionada por la singularidad. El animal singular. La deslizante relación con todo. No estática sino deslizante. Conocimiento de sí mismo, pero oculto. ¿Qué es más potente que eso?"
¡Que lo disfrutéis!

benariasg dijo...

La acabé. Muy tarde; pero ya sabéis: mucho trabajo, mucha vaguera, mucho tenis en la tele...
Me parece mejor cada vez, una auténtica lección de escritura. Todas las escenas están calculadas y son perfectas, el estilo es espléndido, las voces y los juegos del narrador sorprendentes, cómo va metiendo en la cabeza de Les Farley, de Delphine Roux, hasta Zuckerman tiene una personalidad, no es el simple narrador de algo que ya sabe, las reflexiones mucho más interesantes que en novelas consideradas "de tesis". Además es una novela que se narra a sí misma como artefacto, que cuenta cómo va a ser mientras se va construyendo. Se percibe la influencia de Henry James, de Conrad, sobre todo en el claroscuro del relato: no se sabe con claridad pero hay que interpretar lo que se ve y lo que se vive.
Para mí, una de las mejores novelas que he leído nunca.

Anónimo dijo...

Debo ser la única a la que no le ha gustado este libro. Me siento hasta mal por ello.

Cristina Félix dijo...

Seas quien seas, no te preocupes, leer a Roth es como tocar una plancha ardiendo. Sentirse mal sería quemarse y no tener valor de decirlo. Ya vendrán más libros, ¡el mundo está lleno!.
Bueno, y Faunia ¿qué?
Desde lejos parece de madera, es hierática, seca; al poco te zurra con su historia y cuando quieres acordar, ese palo se ha ido abriendo como un abanico, a lo largo de la novela va desplegándose poco a poco y rozando con su leve movimiento a todos los personajes. Además, aunque sabe bailar estupendamente sólo habla con los cuervos!

Tomás Cuesta dijo...

Hay tantos libros como lectores; en cada libro hay tantos libros como lectores.

Comprendo cada una de las entradas que habéis redactado. Comprendo sobre todo a la persona que se encuentra algo perpleja porque no le acaba de gustar esta novela. Cada uno viaja en su propia frecuencia de onda y las interferencias son imprevisibles. En lo práctico, comprendo que algunos pasajes se le pueden hacer un poco largos, quizá allí donde Roth procura penetrar más en las metáforas psíquicas que avivan a cada personaje.
Por mi parte, he leído a Roth como suelo leer tantas cosas últimamente: mediante ingeniería inversa. Con este libro es fácil, porque él mismo da pistas, las más explícitas, aquellas en las que nos íbamos a quedar de todos modos los pardillos pretenciosos que nos creemos exégetas (ay, vanidad).
Roth ha trabajado como pocas veces las voces, y me parece que lo hace echando mano de lo básico: lo que ya está escrito. Ahí está la referencia general a Henry James, bien vista por nuestro hombre en las afueras. Y luego está lo obvio: el mismo Roth cita a Elizabeth Costello (y no recuerdo ninguna otra novela de Roth donde los animales tengan tanta presencia). También cita a Sinclair Lewis, a quien tiene en mente siempre para todo lo que escribe sobre Athena y ronda siempre detrás de lo que les acontece a los personajes. Yo leí Babbitt después de mi primera Mancha Humana y todavía me escuece y me ilumina. Luego está Kundera: más que explícito en esa profesora tannn francesa, con sus interrogantes y exclamaciones, con sus construcciones mayúsculas a la manera del checo: "Los Sombreros" y toda la retahíla, además de La Broma, que en vez de por postal ahora es por email, claro.
Estos dos escritores tuvieron una interesante relación personal, y veo como un homenaje, tal vez un guiño, el papel de las vacas y Faunia (madre nutricia de la humanidad, una idea que recuerda tanto a las reflexiones de Kundera y Teresa sobre las vacas en La insoportable...). Y en fin, para quien haya leído este último libro, la muerte de Tomás y Teresa y la muerte de Faunia y Coleman. No sólo el modo, sino la forma de fracturar el tiempo narrativo del acontecimiento.

Gigantes, gigantes: Coetzee, Kundera, Roth. Gigantes que se hablan para nuestro deleite.

Tomás Cuesta dijo...

Y ahora, para cuando tengáis tiempo, leed La Conjura contra América.
Cuando tengáis paciencia con los hombres, leed El animal moribundo.
Cuando tengáis entereza de ánimo, leed Patrimonio.

benariasg dijo...

Yo que estoy en las afueras y puedo ser más descarado, confieso mi interés por el Roth más extremo, el que oscila entre Eros y Tánatos: El mal de Portnoy, El profesor del deseo, La lección de Anatomía y La orgía de Praga, El teatro de Sabbath, El animal moribundo y La humillación.

Ala.

Tomás Cuesta dijo...

El Teatro de Sabbath y Egon Schiele en un mismo blog. Esto empieza a ponerse interesante.

Christine Félix García dijo...

Muy importante: El sonido de un graznido en http://identify.whatbird.com/obj/103/_/American_Crow.aspx

Interesante también la visión de Delibes en Viejas historias de Castilla la Vieja con el cuento: Grajos y avutardas