lunes, 1 de julio de 2013

Anna Karénina



Anna Karénina. Un  libro  cuyo título es el nombre de una mujer. Se podría creer que es lo habitual, pero es el sencillo nombre de una mujer para  una  gran  novela. Habría  que pronunciarlo  como a  Lolita,  otra historia  de las grandes, pero no suena ni tan erótico ni tan obscuro.


   Anna,  An-na,   ni siquiera vemos la punta de la lengua cerca de los labios.  An-na es un suspiro que se queda contenido  en el paladar.
    En su nombre y apellido está el resumen  de  una vida entera:  Todas las  familias  se  parecen, las desdichadas los son cada una a su modo. A partir de esta frase tan sencilla,  Anna vuelve a respirar  a nuestro lado. En ese aleteo vital  los acontecimientos y hechos del día a día de la sociedad rusa entran en Ana y  salen  convertidos  en actitudes, en incertidumbres, deseos ocultos de largo alcance, en  la conciencia y sus palpitaciones.

Volvió a llenarse de aire los pulmones y, ya había sacado la mano del manguito para asir la barandilla y subir al vagón, cuando un hombre con un capote militar se detuvo a pocos pasos de ella, tapándole la vacilante luz del farol. Anna se volvió y al punto reconoció a Vronski. El joven se llevó la mano a la visera de la gorra, se inclinó y le preguntó si podía servirle en algo. Anna estuvo largo rato mirándole, sin responder. A pesar de que lo envolvía la sombra, distinguió, o eso fue lo que le pareció, la expresión de su cara y de sus ojos. Era ese mismo entusiasmo y esa misma sumisión que tanto le habían impresionado la víspera.

Pero como ya he comentado, otros personajes entran y salen acompañándola en este viaje  de la vida que comienza en un tren tan real como las nubes de este paisaje y tan vaporoso como el reflejo de las mismas en el agua. Es el caso de Levin, de vuelta a su casa de campo, habiendo sido rechazado por Kitty :

Era como si esos vestigios de su vida pasada le cercaran y le dijeran:
No, no te escaparás de nosotros, no te convertirás en otra persona. Seguirás siendo el de siempre, con tus dudas, tu eterno descontento de ti mismo, tus vanas tentativas de enmienda, tus caídas y esa ansia perpetua de alcanzar una felicidad de la que jamás has gozado y que te está vedada”

O conversaciones aparentemente inofensivas que van mucho más allá:

- Pero el tiempo es oro, no lo olvide –dijo el coronel.
-¿Qué tiempo? Hay meses enteros que no valen ni cincuenta kopeks. En cambio, a veces una simple media hora no se puede pagar con nada. ¿No es verdad, Kitty?

14 comentarios:

Pilar González dijo...

Bien, por fin he comenzado la lectura, y sinceramente, no creí que pudiera ser tan amena. Me encanta.

Pilar González dijo...

Me alegra volver a "ver" un Vronsky moreno y con principio de alopecia, a su madre, anciana señora, una Anna hermosa elegante y entradita en carnes, y a los campos de Rusia, llenos de barro hasta la rodilla.

Igual el vestuario no luce tanto así, pero la cámara tampoco marea...

Por cierto, samovar es una palabra preciosa, evocadora, tanto como el objeto al que describe

Pilar González dijo...

Sigo en ello.... esto engancha

¿No os parece que el verdadero protagonista es Levin? Se diría que le comprende tan bien en sus contradicciones que parece un trasunto de sí mismo ¿o no?

A mí particularmente, me resulta infinitamente más interesante esta línea argumental que la del drama sentimental de Anna, Vronsky y Karenin.

Christine Félix García dijo...

Yo también estoy enganchada. Pero, ¡me habéis pillado la delantera! Me he entretenido mucho con una selección de música rusa para leerlo.
Y sí, a mí también me atrae mucho Levin.
Por ejemplo, en el cap. X me ha llamado la atención el pasaje en el que Levin añora el trabajo físico, las tareas del campo, y desacredita a Ginevich no por usar su "cabeza" sino por la repulsión que le provocan sus largas y amarillas uñas. Todo ello mientras Stépan con "sus ojos brillantes y húmedos" engulle "gelatinosas ostras".
Levin, incómodo y cohibido ante un Stépan que se desborda con los placeres de la civilización, prefiere ser un "salvaje" con las manos limpias mientras el camarero retira "las rugosas conchas vacías". Es inevitable establecer semejanzas entre materia gris-ostras, conchas-uñas y los ojos y las manos que parecen querer tocarlo todo... unos el dinero, otros el placer y Levin su alma.

Ana dijo...

Coincido con Pilar en que las relaciones del trío Anna, Vronsky y Karenin no es lo más sobresaliente de la novela. También me inclino por Levin como el personaje más atractivo. Me gusta, al comienzo del tercer capítulo, como se describen las personalidades contrapuestas de los hermanos Konstantin Levin y Serguei Ivánovich.
¡Curioso el nuevo término que acuña Levin: ARBEITSCUR (cura por el trabajo)!

Cristina Félix dijo...

Ana, ¡por fin! Si no fuera por las citas que me pasaste no me hubiera salido la entrada. ¡Gracias!

Cristina Félix dijo...

¡Pero bueno! Ayer en la quedada nos faltó tiempo para seguir hablando de NUESTRO Levin y ahora nadie comenta nada!.
He avanzado un poco más. Es cierta la dificultad para encontrar frases contundentes, es mejor detenerse en pasajes que pueden llegar a ocupar varias páginas. Tolstói con cada comentario va tallando a los personajes, sin prisas.
Demoledor el párrafo donde el autor analiza los sentimientos que tiene Vronski sobre Kitty:
"Vronski, al lado de Oblonski, contemplaba los vagones y a los viajeros, olvidado por completo de su madre. Lo que acababa de oír a propósito de Kitty le había causado una mezcla de excitación y alegría. Sin darse cuenta, irguió el pecho, y sus ojos centellearon. Experimentaba un sentimiento de triunfo." (pg 94)
Esto..y el amor, ¿dónde queda?

Pilar González dijo...

Ya he terminado el libro....menudo novelón!!!....maravillosa.

Y me reitero en todo lo dicho. Hasta el "ejemplarizante" final reserva su protagonismo a Levin y no a Anna.

¿Y ahora?

Cristina Félix dijo...

¡¡Pilar!!!
Y yo en las nubes, sí en esas de la entrada que parecen un tren; curioseo demasiado y tiendo a la dispersión, después de leer el Curso de literatura rusa de Nabokov (si quieres te los paso, es encantador) y pensando en el estilo tan detallista de Tolstoi he encontrado esta interesante página:
http://misiglo.wordpress.com/2010/09/09/estampas-de-tolstoi-2-el-bolso-de-ana-karenina/

Pero ya te dije que si quieres un bijou con sheletons en el alma como se cuenta en AK, lee "La última noche"de James Salter.

Pilar González dijo...

Acabo de empezar Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés.... y sólo te diré que es el libro que toda Baba-yaga DEBE LEER.

Está en la biblioteca de Alejandría, ya me entiendes...

Interesante la reflexión sobre el bolso. A mí también me llamó la atención lo de la linterna ¿que aspecto tendría?

Cristina Félix dijo...

Ese libro, me lo recomendaron no hace mucho, pero con ese título tan "yoquéséquetienequenomeagrada" se me quitaron las ganas de comprobar de qué iba. Vamos, que creí que era una broma. Si tú lo dices... tendré que retractarme y echarle un vistazo...

Pilar González dijo...

Pues yo sólo puedo decirte que estoy como loca con él.

Nunca había leído algo tan subversivo. Algo me ha hecho clic en el cerebro, y ya no hay vuelta atrás.

Chicas, hacedme caso y leedlo todas. Y a los chicos, les diría que no les vendría nada mal echarle un vistazo.

¡¡Baba-Yagàs al poder!!

Christine Félix García dijo...

Uff!

Ana dijo...

Yo también he disfrutado muchísimo con la novela.
Hay pasajes demoledores y otros sublimes en el libro, de manera que van perfilando paulatinamente la personalidad de cada una de los personajes y sus posturas ante el amor-felicidad-familia-sociedad.
¿Qué decir de la forma tan magistralmente plasmada de enfrentarse al suicidio por un lado de Anna y por otro de Levin?
Ahora tengo entre manos, “Rey, Dama, Valet” de V. Nabokov y “La última noche” de J.Salter.
Saludos desde la tierra de las cuatro Villas.