martes, 15 de octubre de 2013

La metamorfosis


      

    Al despertar Gregorio Samsa  una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza,  vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables  patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo  de una agitación sin consistencia.

      -¿Qué me ha sucedido?

    No soñaba, no. Su habitación, una habitación de verdad, aunque excesivamente reducida, aparecía como de ordinario entre sus cuatro harto conocidas paredes. Presidiendo la mesa, sobre la cual estaba esparcido un muestrario de paños  -Samsa era viajante de comercio-, colgaba una estampa ha poco recortada de una revista y puesta en un lindo marco dorado. Representaba esta estampa una señora tocada con un gorro de pieles, envuelta en una boa también de pieles, y que, muy erguida, esgrimía contra el espectador un amplio manguito, asimismo de piel, dentro del cual había desaparecía todo su antebrazo.

     Gregorio dirigió luego la vista hacia la ventana; y el tiempo nublado (sentíanse repiquetearen el cinc del alféizar las gotas de lluvia) infundióle una gran melancolía.

       Bueno -pensó-; ¿qué pasaría si yo siguiese durmiendo un rato y me olvidase de todas las fantasías?- Mas era esto algo  de todo punto irrealizable, porque Gregorio tenía la costumbre de dormir sobre el lado derecho, y su actual estado no le permitía adoptar esta postura...

     La Metamorfosis. Franz Kafka.

Traducción de Jorge Luis Borges

Texto completo en El Libro Total