sábado, 29 de enero de 2011

Presentación de Don DeLillo

Se lo suele encuadrar dentro de la corriente postmoderna de narrativa norteamericana, que más bien es un río de autores tan diversos como Thomas Pynchon, Kurt Vonnegut, Donald Barthelme, John Barth, Robert Coover o John Hawkes, y que llega incluso hasta Paul Auster, con lo que se entrelazan aquí desde lo más abiertamente experimental (Barthelme) hasta lo más ligero (Auster).
Al postmodernismo se asocian diversos rasgos: experimentalismo, autoficción, interés por el tiempo presente y la tecnología, crudeza en el lenguaje, estructuras complejas, entrelazo de voces narrativas, ensayismo..., igual contiene excesos de mil páginas a lo Gaddis y Pynchon como brevedades al modo de los últimos Bellow y el propio DeLillo.
Don DeLillo (1936) es tenido por uno de los mejores narradores norteamericanos ("si no el mejor", dice José María Guelbenzu). Desde luego, esa consideración sólo se la pueden disputar hoy en día Pynchon, Roth o McCarthy, según gustos y según Harold Bloom.
La obra de DeLillo se va cimentando con ocho novelas desde 1971 a 1982 hasta despegar con la que se considera su primera obra maestra: Ruido de fondo (White Noise, 1985), a la que siguen sus mayores logros según la crítica: Libra (1988) sobre el asesino de Kennedy, Mao II (1991) sobre el terrorismo y la oceánica Submundo (Underworld, 1997), que en opinión de Bloom es una de las cuatro novelas indispensables del fin de siglo norteamericano (junto con El teatro de Sabbath, Meridiano de Sangre y Mason & Dixon).
En España empieza a ser ahora un poco más conocido, después del fracaso de Circe al editarlo en los años 90. Seix Barral rescata aquellas ediciones y traduce sus publicaciones recientes. La última es Punto Omega (Point Omega, 2010), una obra tan breve e intensa que nos lleva a interesarnos inevitablemente por su autor, tan esquivo que no permite apenas que lo fotografíen, que concede poquísimas entrevistas, corredor, con aspecto según Muñoz Molina de profesor de instituto, y capaz de escribir con una contundencia casi religiosa frases que nos dejan nadando en la más sobrecogedora ambigüedad.

Dossier:
Blog de Juan Francisco Ferré

En la Biblioteca:
Body Art. Seix Barral. 2010 (N DEL bod)
Punto Omega. Seix Barral. 2010 (N DEL pun)


16 comentarios:

Cristina Félix dijo...

Si hace unos días estaba atrapada en un museo ahora estoy en un desierto tan sencillo como un laberinto y su cordel. Avanzo cautelosa pero detrás de cada palabra y su significado hay el eco y su respiración.
Esta noche empezaré a paladear el capítulo dos de Punto Omega. No fumo pero me gustan los buenos caldos.

Cristina Félix dijo...

Capítulo 2. Repito las palabras lentamente, vocalizo a ralentí como si soplara brillantes pompas de jabón. Las paredes del laberinto se han ensanchado demasiado y las montañas se sublevan en este vasto horizonte. Así, de pronto. Lejos del pasado y lejano el futuro... Tengo que repetir aunque sea sólo para mí: Piedra y arena, arena y piedra.

Cristina Félix dijo...

La arena se precipita y cae a otro compartimento estanco, una pompa de cristal que ya acumula una montaña perdida; me veo leyendo aceleradamente, el capítulo 3, el 4 y el último.
Sigo sobrecogida y acechada por un futuro terror. El arte en el horror
y el horror a todo detalle, visalizado, pronunciado. Y yo aquí, espectadora, mimetizada en la oscuridad de esta sala contemporánea.
PD. (con la ayudita de Ferré): ¡Ay!, viejo diablo venerable, lo tuve tan cerca, ante mis ojos, con todos sus extravíos ¡y no lo vi!

benariasg dijo...

Es que los locos son interesantes. Ahí estaba, con su letanía sobre el tiempo, incubando el golpe. No sabemos qué golpe en concreto, mejor no saberlo.
Qué grande Punto Omega, un libro que uno sabe que va a releer. Lo mismo pasa con Body Art, pero algo menos.

Ignacio dijo...

Después de las revelaciones que debo a Benito,yo creo que no se puede mantener la duda sobre el destino de la joven.¿Por qué, si no, la película que obsesiva y ralentizadamente abduce al innombrado es la que es?
Locura, psicosis, obsesión (contar las anillas de la cortina de la ducha, el número de escalones de la caída,...)¡Qué miedo de nosotros!
Por una vez, de acuerdo, quiero volver a leerlo a la luz de vuestras nuevas interpretaciones.

benariasg dijo...

En realidad, el que pone sobre la pista es Juan Francisco Ferré en su blog La Vuelta al Mundo, aquí tenéis la reseña sobre Punto Omega:

Reseña Punto Omega

De todas formas, aunque enriquece la lectura tener una idea de quién es cada cual, también está sumergido en el pellejo del loco espectador de la exposición en el MOMA el propio DeLillo: es demasiado interesante lo que piensa y cómo lo dice, no es sólo el desvarío de un loco, aunque también lo sea en ocasiones, como apunta Ignacio (número de anillas de la cortina, escalones...)

Tomás dice que la novela del XXI tiene que ir en esta dirección, y eso deja intrigado a cualquiera... A ver si nos lo explica un poco más...

Cristina Félix dijo...

Estoy totalmente de acuerdo. Cada palabra de Delillo es una piedra en el agua y una onda que se expande con un efecto perturbador. Vamos, Tomás, tus silencios son más dolorosos que tus dardos...
En cuanto a ti, sí, Teniente Ripley, puedo ser más peligrosa que un alien, si hace falta te perseguiré por los oscuros pasillos del instituto recitando a viva voz Punto Omega, no voy a permitir que estés hibernando en un momento histórico de la literatura.

benariasg dijo...

Hace bien Pablo en recomendarnos que leamos Dublinesca, las primeras páginas al menos enganchan, y encima aporta cinco recomendaciones para "la novela del futuro":

1. Intertextualidad.
2. Conexiones con la alta poesía.
3. Conciencia de un paisaje moral en ruinas.
4. Ligera superioridad del estilo sobre la trama.
5. La escritura vista como un reloj que avanza.

DeLillo cumple con todos estos principios, pero en el 4 habría que sustituir "ligera" por "notable". El reloj del americano, por otro lado, se atasca a menudo, otras se ralentiza extrañamente; pero lo cierto es que avanza.

PabloJ dijo...

Cuando voy al cine soy de los que suele salirse de la sala de los últimos. Razón: me trago los créditos finales y la música de la banda sonora ( así me quito de los enjambres de gente saliendo y me doy unos minutos para volver a conectar con la realidad ). Y me suelo llevar algunas sorpresas: películas que no han acabado con el último fotograma, conocer la localización de exteriores o algún actor inadvertido, etc.

Y creo que en Punto Omega la clave ( o pista fundamental ) aparece al final. En los créditos aparecen los “nombres” de los que intervienen en la película, en la novela no aparecen nombres ( es un “anonimato 2” y en el primero ): “Entonces fue cuando la pregunta le vino a la mente. ¿Le había preguntado cómo se llamaba? No le había preguntado cómo se llamaba. Pensar en nombres. Escribir nombres. Ver si puedes adivinar su nombre por su rostro” ( p. 153 ).

Hasta entonces el argumento es simple y ralentizado, espacio y tiempo aislados: retirado al desierto de Arizona, el viejo Elster habla sobre la política, los crímenes y el tiempo; mientras, el documentalista asiente y la hija, Jessie, se pasea por las habitaciones, contempla los cielos blanquecinos…. Ha sido enviada hasta allí, procedente de Nueva York, por su madre, ex mujer de Richard, a fin de que olvide a un tipo. Un acontecimiento singular va a trastocar la vida de estos tres: la misteriosa desaparición/muerte de Jessie, introducida por el cuchillo de la realidad ( como en la escena de la ducha de Psicosis ).

En el desierto el paisaje y el tiempo son abstracciones. “No es tiempo pasajero, tiempo mortal”, dice Elster, el profesor que ha renegado de su complicidad en el poder destructivo de la guerra. “Es diferente aquí, el tiempo es enorme, eso es lo que siento, palpablemente. Tiempo que nos precede y que nos sobrevive”.


Y después del final abierto llegan los créditos, el “Anonimato 2” . Y aquí se cuenta todavía mejor estas vidas pensadas, imaginadas del escritor o cineasta actual. De nuevo el MOMA, un joven se encuentra con una mujer con la que se entiende en sus comentarios, con la que podría relacionarse, la sigue y le pide el teléfono, ni siquiera le pregunta el nombre y hasta que la llame, lo interesante será elucubrar quién es, cómo es, cuál es su vida. De nuevo la acción ralentizada que revela los detalles y los recovecos nunca percibidos de una película demasiado revisada, de una vida actual demasiado reducida a palabras ( cine y escritura ). De hecho la novela comienza: “La verdadera vida no es reducible a palabras habladas ni escritas, por nadie, nunca. La verdadera vida ocurre cuando estamos solos, pensando, sintiendo, perdidos en el recuerdo, soñadoramente conscientes de de nosotros mismos…”.

Se trata de usar el arte ( porque lo que narra Delillo trasciende la literatura ) para poner de relieve la desorientación del género humano en épocas de grandes crisis de identidad ( de ahí la necesidad de alcanzar ese “punto omega” de Teilhard de Chardin, ese nivel superior de conciencia ) y que nos desfiguran las referencias: denuncia poética y/o filosófica, con el espacio-tiempo como telón de fondo.

Pilar González dijo...

Con varios meses de retraso (oh!, el tiempo...), por fin he leído Punto Omega, y para ser breve debo decir que no me ha gustado.

Me ha encantado!!!!.

Circular, impactante, redonda, sórdida y sin florituras, no se puede pedir más... buena, buena, buena.

benariasg dijo...

Impresionante esta entrevista a Delillo en El País de hoy:

Entrevista a Don DeLillo

benariasg dijo...

Más DeLillo. Nueva entrevista y reseñas de Fascinación y El ángel esmeralda, en

El Cultural

Cristina Félix dijo...

No sé si es que estoy dando la ascética (Musil) y la mística (DeLillo) pero no tengo ya palabras para estos dos últimos enlaces del blog que un buen poema de San Juan de la Cruz (interprétese como se quiera, me da igual).
Y si queréis algo más mundano, de un salto he tomado la postura de Escarlata O'Hara y, literalmente para oírme, he recitado: Juro por Dios que "al menos tratándose de literatura siempre dependeré más de un libro que de una pantalla. Son parte de tu vida".
(suspiro).

benariasg dijo...

Vengo aquí a comprobarlo, porque tengo los emparejamientos rondando por la cabeza; pero yo veo a DeLillo en la ascética (del lenguaje, de los temas, adustos los paisajes, los caracteres cansados) y a Musil en la mística (el deseo de una vida plena, la experimentación, la reflexión sobre la vida profunda...)

Un amigo de Törless dijo...

Pero hijos míos, ¿acaso la accesis no es una vía para la mística? Mediante la austeridad alienígena del mejor DeLillo se llega a una plenitud extática: a la vibración exacta de las cosas mismas.

Cristina Félix dijo...

¿Y si uno fuera erizo y el otro raposa?
Musil es un prisma, es la luz abierta en abanico con toda la gama de colores. Para vosotros a lo mejor es todo más fácil, para mí supone un ejercicio mental basado en la introspección , el ensayo y el error, la alegría interna de los logros por caminos para mí hasta ahora desconocidos.Pensamientos vivos.
Hace años que intenté volver al lenguaje básico, un intento por no traicionar la realidad, pero no me ha servido de nada. Ahora el sentimiento que tengo hacia Musil es de secreto agradecimiento: me está devolviendo la riqueza del lenguaje aplicado al pensamiento ignoto. Pero el camino es lento, complicado. DeLillo es la fiesta, el asombro, dejarse llevar, el miedo, mucho miedo, la realidad en un código descifrable no por la palabra sino por la fuerza vital y salvaje que está en el mismísimo centro de nuestro ser.
¿Ahora que hago? .... seguir, seguir y seguir.