jueves, 23 de febrero de 2012

El hombre sin atributos, de Robert Musil

   El hombre sin atributos fue escrita entre 1930 y 1942 y quedó interrumpida por la muerte del autor. Los actores principales de esta tragicomedia monumental son: Ulrich, el hombre sin atributos, el matemático idealista, el sarcástico espectador; Leona y Bonadea, amadas del matemático, desbancadas por Diotima, cerebro dirigente de la «Acción Paralela» y mujer cuya estupidez sólo es comparable a su hermosura; y Arnheim, el hombre con atributos, un millonario prusiano cuya conversación fluctúa entre las modernas técnicas de la inseminación artificial y las tallas medievales búlgaras. En los últimos capítulos irrumpe Agathe, la hermana gemela y desconocida de Ulrich, expresión platónica del amor complementario. Alrededor de ellos se mueve la digna, honrada, aristocrática sociedad de Kakania (el imperio austro-húngaro), que vive los últimos momentos de su decadencia antes de sucumbir a la hecatombe de la Primera Guerra Mundial.
   Se trata de una de las cúspides de la novela de nuestro tiempo, incluida en todas las listas de libros esenciales del siglo XX. Consagra la etiqueta de novela filosófica, abre el camino definitivo de la novela-ensayo, elabora una filosofía y una psicología originales, de matices nietzscheanos y con el ideal de una utopía practicable. Al mismo tiempo es una interpretación de los tiempos de crisis (social y personal) y un irónico retrato de la burguesía y el idealismo.
Robert Musil (1880-1942)
Robert Musil inició sus estudios en una academia militar, que retrató en su primera novela Los extravíos del estudiante Törless (1906), magistralmente llevada al cine por Volker Schlöndorff. Estudió ingeniería y se doctoró con una tesis sobre el filósofo de la ciencia Ernst Mach. Uniones (1911) plantea dos estudios de la sexualidad que se sitúan en el límite de lo expresable, son dos relatos de muy difícil lectura. En Tres mujeres (1924) continúa su indagación en el carácter de la mujer en tres relatos extraordinarios. Además de por unos ensayos de gran altura, unas obras de teatro poco convencionales, más interesadas en las ideas que en la acción y unos voluminosos diarios, es conocido por su novela inacabada El hombre sin cualidades (como debería traducirse el título) referencia ineludible de la literatura del siglo XX, inacabada no sólo por la persecución a que se vio sometido el autor por el poder nazi, sino por el propio tema de la obra, situada una vez más en el límite de lo expresable con el lenguaje.

ENLACES:

Entrevista de Oskar M. Fontana a Robert Musil sobre El hombre sin atributos

"Genealogía de El hombre sin atributos", por Juan José Saer

Artículo en PDF de Mauro Jiménes sobre la novela filosófica y El Hombre sin Atributos

 Invitación a la lectura (o "Hasta el gorro de oír hablar de  la Gran Novela Americana")

30 comentarios:

benariasg dijo...

Propongo que vayamos comentando impresiones iniciales, con un margen de, por ejemplo, los primeros 19 capítulos "A modo de introducción".

Cristina Félix dijo...

He empezado con los enlaces. ¿Dónde nos hemos metido?
Ripley y compañía, hay que tener muy claro que de este viaje no salimos ilesos... ya no volveremos a ser los de antes, preparémonos.

benariasg dijo...

Me está entrando mala conciencia... He hecho unas breves notas sobre los primeros capítulos por si sirven de ayuda para orientarse en la selva.

HSA 1

Ana dijo...

He comenzado a leerlo, llevo pocas páginas y no me atrevo a realizar un comentario consistente, pero mucho me temo que me está absorviendo.
Por cierto,Cristina, siempre hay caminos de ida y vuelta pero el que los anda nunca es el mismo.

Cristina Félix dijo...

Pues sí, lo mejor es empezar por andar el camino y ya veo que no nos falta el machete (HSA 1). Ya sabéis yo veo una hipérbole y me mareo. Este hombre tiene un imaginario muy particular, empecé muy profesional, con mi lápiz a dos colores pero ya tengo las cuarenta primeras páginas llenas de crucecitas y exclamaciones. Por ejemplo, el capítulo 8. Estoy fascinada con la parte de la velocidad: "si no nos satisface el asunto de la velocidad, inventemos otra cosa. Por ejemplo..." y empieza Ulrich a enumerar unas imágenes deliciosas, divertidas y, por último, extrañas, peligrosas. Y por si fuera poco utiliza exclamativos que casi me hacen tirarme del sofá y me digo con una velada amenaza interna "¿A que salto yo también?, ¿me bajo y la lío, eh, eh?". Y me río pero no me río.
Uff, ¡qué alegría que haya tanto erizo suelto por ahí! entonces, me reconduzco.

Cristina Félix dijo...

Esta mañana he hecho los deberes aunque no me he leído todos los enlaces. A ver si voy bien, porque ahora necesito "ver" la idea simplificada: Ulrich es un elemento de mucho cuidado cuyo centro ha decidido llenar de vacío (lo que no se ve), alrededor giran los caracteres de Aristóteles que en un sujeto se ven porque conllevan acciones y, por último, está la capa con la que se ha cubierto este personaje: las posibilidades múltiples que son acciones en el pensamiento y las vemos gracias al narrador.
Problema: ¿Dónde está su unidad? ¿Quién es él? Porque resulta que Ulrich es un yo sin cualidades. Recurro a mi DeLillo. ¡Es como en Punto Omega! Los fotogramas de una película obligan a un cambio constante para que haya un sentido, una unidad; pero cada fotograma por separado implican una no realización de un hecho; por separado no son nada pero coordinados entre sí pueden llegar incluso al asesinato. ¿Y Ulrich? ¿Hasta dónde va a ser capaz de llegar? ¿Qué realidad construye? ¿Qué busca?

benariasg dijo...

En efecto, es un ser sin unidad, ya que la unidad se la daría el trenzado de las cualidades, pero al inicio de su viaje las nota más bien bullendo y en el aire. Y eso que es matemático, aspira a la exactitud en todo, también en la vida; pero la vida misma le está mostrando que de exactitud nada, y que hay que inventar otra realidad ("realidad fantástica" la llama Musil), no tan exacta, pero vivible. Su alfa y omega no puede ser otro que el de todo hijo de vecino y hasta toda hija de vecina: el amor. Después de ir de escalón en escalón llega a puerto con una hermana gemela que no conocía (un tanto morboso o platónico, según se mire). Para eso habrá que terminar el primer volumen.

Cristina Félix dijo...

Me cuesta mucho trabajo ver a un ser sin unidad, porque ¿y la ironía? ¿No es un filtro inevitable de su yo que le "obliga" a ver esa supuesta realidad de una manera muy particular?
Y por otro lado, me intriga mucho la capacidad de porosidad de Ulrich frente a los acontecimientos. ¿Qué hace perdiendo el tiempo con Bonadea o la frustradísima Diotima? A él le pega Clarisse ...

Cristina Félix dijo...

A ver si te gusta esto, Ana, lo he encontrado por casualidad tecleando Musil en google, la página es "El diccionario universal de Musil". Ya que "veo" voy a releer para ver más, porque esta tarde me he sentido "pata" en vez de la unidad "mesa":

Tórless, alumno de un colegio militar, pide en vano a su profesor de matemáticas que le explique la paradoja de los números imaginarios: El signo i que indica la raíz de -1, corresponde a un número inexistente (porque ningún número elevado al cuadrado da como resultado -1), pero gracias a este número, que no existe, se resuelven cálculos útiles para fines prácticos como si se atravesara un río pasando por un puente que no existe, escribirá Musil. La ciencia, se dice en Tórless construye edificios grandiosos y compactos, pero cuando se intenta tocar sus ladrillos, éstos se esfuman en el aire. "Es la ciencia, sobre todo la matemática, que desenmascara el nihilismo del saber moderno, descubriendo que el edificio entero -del pensamiento, pero también de la misma realidad- ha saltado por los aires."

Ana dijo...

¡Uf…que difícil me lo pones!
Yo no diría que el número complejo i es una ilusión o algo inexistente, pues ya desde el siglo XIX está perfectamente definido como la pareja de números reales (0,1) y que podemos interpretarlo geométricamente como la localización de dicho punto en el plano cartesiano.
En definitiva, aunque la construcción del conjunto de los números complejos como extensión del conjunto de los reales (“i” da solución a la ecuación algebraica "equis al cuadrado más uno igual a cero") sea teórica la realidad es que estos números han permitido el avance de la ciencia en campos como la mecánica cuántica y la electrónica, por lo tanto podríamos decir que existe una correlación entre el mundo físico (empírico) y el matemático (teórico), lo que sucede es que estas correlaciones no son palpables ni fácilmente visibles.
Ahora bien, el concepto de número en sí mismo es una abstracción.
Por otra parte, sobre la actitud vital que niega todo valor a la existencia, o que hace girar esta alrededor de algo inexistente, hablamos luego.

Pilar González dijo...

Reverte vs. Musil

Y de propina, para desearos un buen finde uno de Sanchez-Dragó

benariasg dijo...

Aaaaaaay, que me muero morío.

"Lo sé todo. A mí me viene uno y me dice... Ya lo sabía. No, es que esto es nuevo. Ya lo sé. Hasta lo nuevo lo sé". (PerezReverte)

Cristina Félix dijo...

Gracias Ana porque al fin y al cabo, tanto los valores numéricos como las palabras que hacen referencia a elementos intangibles son abstracciones.
Ya voy por la segunda parte del libro y necesitaba para empezar el viaje repasar ciertos conceptos... y los que me quedan...
Con esta nueva perspectiva me voy a releer el capítulo 13 y el 16 pues me han gustado mucho.En cuanto a los personajes femeninos, la única que por ahora me parece "distinta" al modelo estandar es Clarisse. Le tengo echado el ojo. Y, por último, el capítulo 18 es peliagudo: El bien, "el mal que anida dentro" como una vez explicó Tomás, lo injustificable, las circunstancias, la inocencia, los hechos terribles... Este capítulo va a traer cola.
En fin, si termino el libro sana y salva os aseguro que hago un video de revancha como el que ha colgado Pilar.

benariasg dijo...

Qué bueno ese artículo que citas, Cristina, "El diccionario universal de Musil":

"La perspectiva de Musil tiene trescientos sesenta grados y abarca la gama entera de lo real, como un diccionario universal que incluye todas las voces del mundo y toda inteligencia, desde el principio de razón suficiente al gran amor vagabundo, desde el capitalismo a la nieve, desde una media femenina que se deshilacha en una pierna, a las mejillas de Agathe que arden como rosas en la sombra. Musil sabe mirar al mundo con los ojos apagadamente melancólicos de su Leo Fischel, como con los amablemente estúpidos del conde Leinsdorf o los alucinados de Clarisse."

Quien escribe esto es a su vez un gran autor, no queda muy claro en la página, pero es Claudio Magris. Tomás, es Claudio Magris...

Cristina Félix dijo...

El artículo me gustó porque tiene ese ritmo interno que hace que todo encaje sin brusquedad. Además te ofrece una interpretación enriquecedora, para ejemplo la cita que usa de Las tribulaciones del joven Tórless.

¡Vamos, Tomás! necesitamos una perspectiva acerada, esa que te sale con tu media sonrisa de daga al brillar...

Anónimo dijo...

(¡Ay, madre! no sé si dejarlo dormir o que despierte)

benariasg dijo...

Entre Tomás dormido, Pilar haciendo chistes para no tener que ponerse seria (haces bien, Ripley, te lo estás pensando), Ana siempre tan prudente (aunque seguro que lleva el doble que nosotros), Edina leyendo Libertad, Guillermo con sus trampantojos y ahora el inglés, Pablo con Calasso, Beatriz con su muñeca... En fin, que quedamos tú y yo, Cristina. ¿Por dónde vas? Yo he arribado al cap. 28, y sigo entusiasmado. ¿Y los Anónimos, cómo estáis? ¿Y tú, enigmática Elena?

Cristina Félix dijo...

Durante esta semana no he avanzado mucho, la he dedicado a preparar el viaje. A mitad de la primera parte tuve la sensación de haber hecho las maletas sin estar preparada para ir a la otra parte del mundo (el de las ideas, las posibilidades, las abstracciones, el submundo). Voy por el capítulo 30. El 28 y el 29 los tengo muy subrayados.

Pilar González dijo...

Aquí Ripley, repito, aquí Ripley.

No sólo de chistes vive el informático (toma lenguaje sexistaaa!!!!), que sepáis que he dejado en segundo plano mi "síndrome de Aracne" y ya estoy con Musil. Reverte, que te den... correazos.

Espero volver a comunicarme en breve. Cambio y corto.

P.D. espacial: Benito, una vez perpetrada la adquisición del doble mamotreto, ya no hay vuelta atrás. Si no me distrajeras con tus erizos que generan búsquedas y lecturas n-dimensionales, habría empezado antes, que lo sepas!

benariasg dijo...

Los que seguimos con este libro disfrutamos al fin, en el capítulo 40, de una descripción más detallada del aspecto de Ulrich. No extrañará demasiado porque después de todo Sterne sitúa el prólogo de su Viaje sentimental en medio del libro, y lo hace siglo y medio antes de que Musil escriba su primera novela. En todo caso, ahora sabemos que Ulrich es alto, rubio, etc etc, pero sobre todo que su caja torácica parece una vela hinchada cuando abraza a Bonadea, pero que cuando está leyendo o lo roza "la brisa del amor errante" más bien parece una medusa nadando... Qué imágenes.

benariasg dijo...

Comentaba con Ana esta mañana el interés que tiene el personaje de Moosbrugger, que es como un leit-motiv que va saliendo intermitentemente en la novela y le sirve a Musil para poner patas arriba nada menos que nuestra idea de lo que es normal/patológico y bueno/malo. De la anterior lectura recuerdo como escena impactante la visita que hace Ulrich a un manicomio, no recuerdo ahora en qué volumen está. En esta primera parte se hace algo pesada la atención a la Acción Paralela, que irá desapareciendo poco a poco, para centrarse en los personajes y, sobre todo, en el propio Ulrich.
Yo me dispongo ahora a volver sobre una de las reflexiones más interesantes de este primer volumen, "el ideal de los tres compendios o la utopía de la vida exacta" (cap. 61).

Cristina Félix dijo...

Voy lenta, pero voy. El hombre sin atributos necesita su tiempo. Acabo de leer con sorpresa una reseña del último libro de Vargas Llosa (http://joseluismolinuevo.blogspot.com.es/). Y ya me pica la curiosidad por el tema que plantea. Me siento muy identificada y al fin, defendida. Leo a Musil no por diversión sino porque lo necesito, aunque me lleve tiempo, no tengo prisa. Tampoco creo que sea por cultura sino porque es peligroso y el peligro, como el veneno, sino mata me gusta. ¿Hasta dónde voy a llegar? No lo sé, esa es la emoción, tendré que averiguarlo.

Cristina Félix dijo...

Ah!! se me olvidaba, voy por el capítulo 54. Tengo sentimientos encontrados; necesito desmigajarlo.

Pilar González dijo...

Acabo de regresar del planeta Dinamarca. Este finde lluvioso me hará finalmente despegar...

Cristina Félix dijo...

Yo necesito aterrizar:
¿Por qué esa obsesión científica del ser humano por clasificar, anotar, establecer categorías, cerrar círculos, cerrar finales, buscar exactamente el final y el empiece...?
¿Qué pasaría si no tuviéramos espejo, ni reflejo, si no nos viéramos?, ¿que pasaría si necesitáramos la mirada de Otro para Ser? o
¿Soy una prolongación de los deseos de Otro? y ¿El pensamiento es materia?

Me temo que el veneno musiliano me está haciendo efecto o es que “El vestido extraño sólo se adapta después de haberse usado” porque ya no me parece tan extraño que una mesa no sea una mesa sino la recreación de una mesa con todo el poder del mundo fantasmagórico en acción. ¡Ay madre!

Ana dijo...

Hoy he podido dedicar gran parte de la mañana a Ulrich y compañía. Voy por el capitulo 62, aunque antes de dejar el 61, que he releído varias veces, he buscado y hallado dos enlaces muy interesantes y esclarecedores, a saber:
http://erizosdefilosofia.blogspot.com.es/2012/03/el-ensayismo-moral.html
http://www.thecult.es/Libros/el-hombre-sin-atributos-robert-musil.html
Quizás el único inconveniente que le veo al segundo es que desentraña el final del libro, pero como lo importante de este no es precisamente la historia, no se corre el riesgo de perder el entusiasmo por la lectura.

benariasg dijo...

Pongo en favoritos el enlace de Matamoro, que es bastante largo y parece bien orientado. Sin haber llegado al final del artículo, opino que da un poco igual saber cómo acaba la novela, porque de hecho no acaba, hay unos bosquejos sobre posibles continuaciones, pero queda abierta... Están sobrevalorados los finales redondos, en la vida nada es redondo, todo tiende a achatarse y romperse cuando menos te lo esperas ;)

benariasg dijo...

Bien, personalmente sigo con Musil, pero estoy viendo que esto me va a llevar no sólo el resto del curso sino todo el verano. Habrá que alternar con algo más ligero, y el caso es que el alumno más aventajado de Musil es Kundera, y le he echado un vistazo últimamente a La insoportable levedad del ser y me han dado ganas de releerlo... No sé si os apetecería, si es que sí, hago una entrada y comentamos en junio... Permite además comparar con la peli, que también tiene sus valores... ¿Os parece muy retro?

Pilar González dijo...

Me gustó en su momento, pero era tan joven que posiblemente ahora vea muchas más cosas.

Por mí, vale, pero entre tanto, voy a ver si me rio un poco con la última de Mendoza, que ya vale de tanto drama....

benariasg dijo...

A medida que la novela avanza, los personajes se perfilan, los ensayos se complican y el sentido último de este prodigio se empieza a presnetir inalcanzable. La traducción no ayuda mucho, la española es enrevesada, a veces extremadamente infiel, otras sin embargo es realmente poderosa; la francesa es muy literaria, a veces demasiado libre, la primera versión italiana es la mejor (la portuguesa ni tenerla en cuenta, es un despropósito), lo digo por si queréis probar con otras lenguas, están por ahí digitalizadas.
¿Y los personajes? Algunos que no parecían muy relevantes van ganando peso. Yo, al llegar al capítulo 86, estoy encantado con el general Stumm, este hombrecillo enamorado de Diotima, que lo confiesa abiertamente y ha hecho de la ingenuidad y el buen sentido común su segunda naturaleza. Ulrich, que no pierde detalle, lo adopta enseguida.
Ah, y Clarisse ya se ha quitado el anillo, ya ha mirado a su través, y sigue ganando puntos ante los lectores masculinos.
¿Cuáles son vuestros personajes preferidos por ahora?