miércoles, 3 de noviembre de 2010

Oliver Sacks


Oliver Sacks nace en 1933 en Londres. Puede que sea el neurólogo más famoso en la actualidad, gracias a unos libros de divulgación que se venden y se leen como novelas de éxito. Pero no inventa nada, describe las historias de los pacientes que ha tratado. Ahora vive en Nueva York.
Para el gran público empezó a ser conocido por su mejor libro: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (1985), donde describe casos de agnosia visual, síndrome de Korsakov, perturbaciones de la propiocepción, miembros fantasma, Parkinson, afasia, síndrome de Tourette, amnesias o hipermnesias, autismo, etc. Aunque se trata en todos los casos de patologías reales, uno no deja de pensar que son algo fantásticas, por lo singulares que resultan. Este mismo estilo lo continúa en Un antropólogo en Marte (1995), con casos de síndrome de Asperger, ceguera al color, etc.
Reconoce que su inspiración para este tipo de obras es el Pequeño libro de una gran memoria (1968), de A. R. Luria, que describe el caso del mnemonista Salomon Veniaminovich Shereshevsky, de memoria prácticamente absoluta.
Estos libros son la introducción más amable que se puede encontrar a la Psicología Clínica, porque Sacks observa a sus pacientes con verdadera simpatía, sin por ello dejar de mostrarnos toda la crudeza de sus perturbaciones.
Pueden leerse en Primero de Bachillerato, y elaborar trabajos para subir nota en la asignatura de Filosofía.

En la Biblioteca:
El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Anagrama (15 SAC hom) 2 ejemplares
Un antropólogo en Marte. Anagrama (15 SAC ant)

17 comentarios:

Pilar González dijo...

Es increíble el cerebro humano. Y nada mejor para conocerlo que el estudio de sus disfunciones.

Leí recientemente "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" y me resultó muy, muy interesante.

Todos aquellos que crean que los pacientes de "House" son extraterrestres, verán como la realidad supera ámpliamente la ficción.

Tomás Cuesta dijo...

Por cierto, más de una vez los guionistas de House han salvado un episodio echando mano de Sacks. Recuerdo sobre todo el caso de una abuelita muy dicharachera sacada del capítulo "La enfermedad de Cupido".

Pilar González dijo...

¿No me digas? Ese no lo he visto, pero recuerdo uno en que un hombre tenía una mano con vida propia y era bastante agresiva, por cierto...

¿Así que no es casualidad? Interesante

Cristina Félix dijo...

"El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" me ha cautivado estas Navidades. Lo comencé por curiosidad al hilo de "La nujer temblorosa" y me ha proporcionado momentos gratificantes, asombrosos e interesantes. Para empezar, leí gran parte en voz alta (con los viajes en coche... ya se sabe) Su estilo narrativo te lo permite y las palabras pronunciadas a viva voz retomaron su poder fabulador.
Gracias a capítulos como el de la propriocepción he descubierto matices de mi identidad que antes nunca ne había planteado y, por otro lado, nada como unas vacaciones familiares para investigar...

Cristina Félix dijo...

Primera pregunta: ¿Es posible que como consecuencia funcional de los hemisferios una lateral del cuerpo quede subyugado al otro?
Segunda pregunta: si divido mi cara en dos partes aparentemente simétricas ¿Hay una "buena" y otra "mala"?
Tercera pregunta: ¿Puede ser que, con el paso del tiempo, la percepción real de nuestro cuerpo se vaya difuminando? (vamos, que me tendré que poner a estudiar biomecánica...)
Cuarta pregunta:¿Es necesaria la imaginación visual para leer novelas?
¿Y para recordarlas? Hace un año que leí El mar y todavía puedo "visualizar" imágenes hermosísimas del texto (incluyendo olor, texturas, tipo de luz y colorido...).

Tomás Cuesta dijo...

Lateralidad: es sabido que en los ceda al paso de las intersecciones buena parte de los conductores sólo miran hacia la derecha (hemisferio izquierdo dominante) y arrancan (pie derecho, etc), con eventuales colisiones.
Simetría facial: insoportable. Se ha experimentado a menudo el efecto que tiene la visualización de un falso rostro mediante la proyección simétrica de su mitad. Los observadores expresan su desagrado, la sensación de irrealidad.
Cuerpo: es sólo un supuesto electroquímico, a qué preocuparse.
Imaginación visual: los autistas piensan con imágenes; podéis probar a hacerlo utilizando la inteligencia espacial para desplazaros por un entorno o resolver un puzzle (todo sin pensar - aquí actúa el pensamiento lingüístico- y sin que sea una rutina ya memorizada -aquí actúa el cerebelo-).
Lectura y recuerdos: hay un vínculo episódico entre el espacio y la memoria. Si caminas por un paraje escuchando un audiolibro, en las siguientes ocasiones en que pases por ese lugar brotarán como un resorte las palabras hechas sonido en tu cabeza, con más viveza que un la de un mero recuerdo semántico.
Consciencia: Érase una vez un cuerpo que construyó la ficción de tener una mente que se creía capaz de sentir un cuerpo.

benariasg dijo...

Eso último lo coges y lo mandas a un concurso de microrrelatos, cuando ganes invitas a unas rondas. Qué bueno.

Cristina Félix dijo...

¿Y que pasa con el cuerpo que no obedecía a su mente porque sabía que era todo una ficción?

Tomás Cuesta dijo...

Pero señorita, los cuerpos no saben. Sólo actúan (La Mettrie) o recuerdan (Kavafis). Res cogitans, señorita; res cogitans (simulada, of course).

Tomás Cuesta dijo...

http://www.abc.es/20101008/espana/guerra-retira-senorita-201010072302.html

Pilar González dijo...

A principios de los 50 del pasado siglo, Alan Turing predijo que el hombre podría contruir cerebros electrónicos a corto plazo.

El devenir de los acontecimientos demostró lo contrario (claro que para entonces ya no estaba él, y nunca sabremos lo que nos perdimos).

El principal escollo estriba en conocer el funcionamiento del cerebro humano para poder simularlo/reproducirlo/mejorarlo.

Esta aventura se ha convertido en una de las más apasionantes "ultimas fronteras" de la ciencia en la que están inmersos lingüistas, neurólogos, psicólogos, filósofos e ingenieros informáticos desde hace décadas.

La pregunta última es ¿podrá el cerebro humano explicarse a sí mismo?.

Y suponiendo que así sea, ¿estaremos preparados para asumir esa explicación?

Cristina Félix dijo...

Definir con lo definido...mal asunto. ¡Y yo que creí haber encontrado un turbio Yo o por lo menos lo que ha hecho el tiempo con mi Yo natural o epistémico! Y ahora tengo que empezar de nuevo, de hecho, lo de señorita no me ha afectado tanto como tener que repasar por encimilla a Descartes cual colegiala de 1º de bachillerato. No hay nadie mejor que uno mismo para engañarse a sí mismo. ( Claro que esto lo suscribe una res cogitans sinestésica-crédula)

benariasg dijo...

Hace unos años se hizo famoso un ensayo de un neurólogo que se llama Antonio Damasio, "El error de Descartes", ese error consiste en haber separado la mente o el cerebro del cuerpo. Así que eso de que el cuerpo sólo actúa (como si para actuar no hiciera falta alguna reflexión) o recuerda (¿y qué es recordar si no pensar?) es más bien engañoso. Lo de la seño "res cogitans sinestésica" sí me cuadra más, como metáfora de esa unión cuerpo-mente.

Tomás Cuesta dijo...

Eh, cuidado: aquí el más monista soy yo (véase definición de consciencia). Pero hay que jugar... Por otro lado, ¿no hay nadie por ahí que se atreva a a desempolvar el subconsciente y nos lo restriegue por las narices?
Y por otro lado más, hace siglos que todo el mundo sabe que el cuerpo y la mente están unidos por la glándula pineal.

Tomás Cuesta dijo...

Moviendo cosas con la mente

Cristina Félix dijo...

Abro baraja a ver si los voiyeurs no me dejan sola ante el peligro.
Si pienso, existo ¿Todo lo que pienso existe? Porque si supongo que mi mente depende de mi cuerpo, esta limitación me impedirá pensar en lo inexistente. Pero lo peor llega ahora: Todo lo que Yo no puedo pensar no existe para mí y SÍ para el OTRO. Lo que me lleva a típica pregunta de "seño" ¿Para que pueda haber un Yo tiene que haber un TÚ? y volvemos a otra idea: mi cuerpo o lo externo es limitado ¿y mis pensamientos?

Tomás Cuesta dijo...

Ahorita estoy con la jardinería, pero se diría que alguien acaba de tener un encontronazo (feliz) con Wittgenstein...