jueves, 27 de diciembre de 2012

Banville en su "eterna luz"






Os presento y propongo la nueva novela de John Banville, excelente autor de culto. Ya desde la sugerente portada del libro del irlandés se intuye- como siempre debe ser en lo referente a Eros - la carga explosiva que supone "Antigua luz", una luz constante en lo que a calidad narrativa se refiere. Esta es la historia de un viejo actor que recibe una última oferta para hacer una película junto a la más rutilante estrella del momento. Pero también es la historia de la pérdida de su hija, oscurecida por la memoria, como todo en esta novela. Y de la búsqueda. De las explicaciones necesarias para sobrevivir. Pero sobre todo es la historia de un recuerdo.

 Cuando el protagonista tenía apenas quince años se enamoró de la madre de uno de sus mejores amigos, la señora Gray. Tras un encuentro fantástico, muy erótico, cuando ella baja por la calle en bicicleta, tienen un encuentro en la casa de ella y comienzan una relación sexual que les lleva a compartir, durante todo el verano, perdidos uno en los brazos de la otra, descubrimientos, experiencias y vida en una choza abandonada fuera del pueblo hasta que la historia se acaba, de forma natural.

El propio Banville dice que en Antigua luz está todo él. Como hombre y como mujer. Pero sobre todo como amante. “La imagen que uno crea del amor es intensa, todo se basa en esa idealización. Cuando te enamoras inventas una diosa pese a que sabes que es de carne y hueso. Lo malo es que eso no dura más de tres meses, siempre depende de la diosa que se alargue un poco más…”.Nadie puede soportar tanta tensión ensalzadora: “El amor es una feliz angustia”, define. Permanente. Lo supo desde que vivió su primer amor. Fue a tiempo parcial. En verano. “Estuve loco por ella entre los 11 y los 17 años”.

 Por lo que respecta al título, dos veces se habla de una antigua luz: la primera debería traducirse en castellano como servidumbre de luz, ese derecho que tienen ciertas casas, ciertas habitaciones, a una ventana que siempre estuvo allí, y la segunda como recuerdo equívoco, como una sensación, una atmósfera, un recuerdo elaborado y que sin embargo parece tan real, el día que todo cambió, el día en que el protagonista se separa de su amada, después de ese verano de pasión desconcertante, de descubrimiento, de conocimiento del amor y de la pulsión erótica.

Las señoras Gray y Grey, Banville y E.L. James, el "porno para mamás" y el buen libro erótico, el viaje exterior y el interior... separan al irlandés del fenómeno mediático de la británica. Y por ponerle un pero, creo que hay demasiado "retorno al pasado" en la primera parte de la novela, lo que interrumpe el fluir narrativo. Pero eso serían cuestiones nimias para comentar con vosotros tras su lectura... ¡Disfrutadla, solazaos con ella, os gustará seguro la mágica lectura que Cristina nos deseaba!

 

 

 
 

 

1 comentario:

Cristina Félix dijo...

Compaginar el inicio de año con deseos y recuerdos es la mejor manera de empezarlo. ¿No es una hermosa manera también de contar una historia?