jueves, 25 de octubre de 2012

Grupo de lectura

EL ÁNGEL ESMERALDA


Entrevistando a Don DeLillo

—¿Qué significa escribir para usted?
 
—Cuando era joven escribía para dar expresión a lo que me rodeaba. A estas alturas, escribir no es sólo lo que hago, sino lo que soy. Para mí, escribir es vivir. Hay un componente poético. Como escritor, busco crear un lenguaje que sea bello y preciso. Me interesa el aspecto material del mundo: describir el tiempo atmosférico, los rostros de la gente, la habitación que ocupa un personaje. Ahí radica el núcleo de mi ficción. Muchos novelistas de hoy, novelistas importantes, tienen una visión ensayística de la escritura. Yo necesito ver gente, percibir colores, escuchar sonidos. En este sentido sigo siendo un escritor tradicional.


 La muerte es el gran tema de mis novelas

En su prosa siempre hay un elemento de frialdad y distancia. ¿Cómo se relaciona con sus personajes?
—Hago lo que puedo por intentar entenderlos, y creo que hay un momento de la fase de su desarrollo en que empiezan a hablarme, de modo que por fin consigo entenderlos y me resulta más fácil verlos, sentir cómo son, qué es lo que piensan, qué es lo que dicen. Los escucho, oigo lo que dicen, eso es tan importante como intentar modelarlos. Son ellos quienes me explican cómo son. Llega un momento en que el personaje empieza a hablar y yo apenas soy consciente de que le hago decir cosas.
Cómo escribir con la mirada

"¿No dicen que el periodismo es el primer borrador de la historia? Mi opinión es que la novela puede ser el borrador último, la versión definitiva. Lo cual no significa que sea más verdadera o más permanente que el trabajo de los historiadores. Lo que significa es que la ficción puede internarse en lo desconocido, puede seguir el impacto de los hechos históricos en la vida íntima de las personas y crear un lenguaje para expresar esa vida, que con mucha frecuencia es un lenguaje de pérdida y de dolor. Un escritor de ficción se adentra en los sentimientos de un personaje, en lo que piensa, incluso en lo que sueña. [...]   La humanidad ha tenido siempre el impulso de contar historias. Tiene que ver con nuestra necesidad de trascender esta vida, de buscar más allá de lo que tenemos delante de los ojos. Estoy seguro de que las historias más antiguas que se contaban tenían que ver de un modo u otro con los mitos".
El nombre exacto de las cosas

14 comentarios:

Pilar González dijo...

Ahí voy leyendo el librito despacito, cuando puedo, con la semana terrible de trabajo que estamos sobrellevando.

Aún no sé si me gusta, pero lo que me queda claro es que este hombre tiene una visión un tanto siniestra de la realidad.

No seré yo quien diga que se equivoca (y esto va por Benito, je, je)

Tomás Cuesta dijo...

Si queréis un titular, os diré que para mi gusto Phiiip Roth es el mayor novelista norteamericano vivo, y Don DeLillo el mejor escritor. Esto es: no es el mejor novelista porque Roth le suele superar a la hora de manejar los mimbres con los que se trenza una historia; tampoco podemos afimar que sea el mejor escritor de cuentos después de leer El ángel Esmeralda. Lo que sí podemos afirmar es que nadie al otro lado del Atlántico escribe así de bien.

En este libro de cuentos hay momentos cenitales, frases que traspasan el telón del desconocimiento y permiten vislumbras lo que las cosas realmente hacen con otras cosas. La obsesión por el nombre milimétrico y la metáfora definitiva revolotea benéficamente en casi todas las páginas, y por fin me he topado con a DeLillo escribiendo un cuento de ciencia ficción. Él, que es capaz de escribir sobre cafés, ascensores y nubes como si fueran elementos de ciencia ficción (que lo son, que lo son, susurra alguien por aquí cerca).

Pero vayamos por partes. En esta primera entrega, indignacion.


"Era una hora de coche, gran parte de ella en subida por entre una lluvia como de humo".

¡una-de-gran-de-en-por-entre-una-como-de!

¿a-ante-bajo-cabe-contra-yo también hice la EGB?

¿De verdad no había mejor manera de traducir It was an hour’s drive, much of it a climb through smoky rain?

Sabia decisión la tuya, Pilar.

Pilar González dijo...

Es verdad que el lenguaje es brillante y como Dupont & Dupont, aún diría más, las frases son brillantes más allá del significado.

El diccionario y el Google Translator no captan tanta sutileza de imágenes. Es francamente bueno. Los cuentos... por ahora me parecen un poco vacuos, pero no todo va a ser trascendencia, digo yo.

Por cierto ¿hay alguien más ahí fuera, leyendo?

Cristina Félix dijo...

Sí, yo. Ya os contaré, necesito un poco de tiempo para organizarme. Tengo que confesar que me gusta más como novelista pero llevo sólo tres cuentos. ¿Qué tal el primero salvando las traducciones?

Elena Ponte dijo...

Le respondo a Cristina:
"Creación" me ha parecido un relato bien planteado y ¿resuelto?. Después de haber sido expulsado de su vida programada y rutinaria , el narrador se encuentra agradablemente situado en ningún lugar en particular, suspendido en el espacio y en el tiempo, en una especie de "atasco emocional" entre dos mujeres (que haya adulterio o no es mera excusa).

Pero aún así, "Creación" sería una historia convencional si no fuera por la escena final, donde Christa, la mujer alemana, desvinculada de sus rutinas habituales, permanece absolutamente impasible ("el rostro se le fue muriendo", "los labios no dijeron nada"...). Esta impasibilidad da a la historia una intensidad extrema: es el verdadero "momento DeLillo".

Cristina Félix dijo...

En Creación el protagonista ya en el primer párrafo se autodefine buscando ver, oler y probar, se siente suspendido o flotando en un paisaje resplandeciente o lluvioso como una cortina de humo. Mientras en él hay una predisposición para que un mundo novedoso entre a través de los sentidos, en Jill el mundo exterior no existe, no le dice gran cosa, está leyendo y su marido la siente “inalcanzable, como sólidamente abismada”. Cuando llegan al aeropuerto ella sigue leyendo y él le hace de traductor, de puente con la realidad circundante pero ella sigue leyendo, en la trama surge una mujer en las mismas circunstancias (no puede salir de ese ¿paraiso?) y se va con ellos en el taxi. De camino al hotel, Jill quiere confirmar su frustrante situación de standby y ahora es él quien le contesta que siga leyendo. Ya en el hotel, el matrimonio es "un equipo" que comparte la misma habitación, el mismo escenario aunque parece ser que él ha ido acumulando un extraño deseo circunstancial, una metáfora de lo nuevo: “cuando todo es nuevo, los placeres están a flor de piel”... es algo que nunca se podrá traducir a hechos reales como vuelos, maletas, taxis y piscinas. Jill se marcha.
Es verdad que el adulterio es una excusa y prevalecen con mayor fuerza los encuentros y desencuentros donde un mismo espacio para dos mujeres es distinto.
La historia continúa con el protagonista observando y “creando” a Christa ante esa situación de falta de identidad: la describe, la pinta, la imagina y la tiene a su lado al margen de lo cotidiano. Es escritor. Sin embargo, Christa también se quiere ir, quiere escapar, antes de salir al aeropuerto, durante la madrugada, él abre los ojos y se la encuentra leyendo. Ahora se ha vuelto tan inaccesible como su mujer:
“-¿Qué estás leyendo?
-Es trabajo. Muy aburrido. No te interesa. No hacemos preguntas tú y yo. Debes de estar medio dormido, de no ser así no preguntarías.”

benariasg dijo...

De los tres cuentos que he leído por ahora (qué lento voy...) el que más me ha gustado es el más breve, "El corredor", que me parece perfecto. Creación me gustó también, pero me ponía nervioso ese tema a lo "cautivos de Longjumeau" (¿conocéis el de Léon Bloy?). EL que da título al libro está muy bien escrito y todo lo demás, pero son muchas páginas para una anécdota-epifanía. Aunque tiene un párrafo estupendo que quiero copiaros:

"¿Qué es el Terror ahora? Un ruido en la acera, muy cercano, un ladrón con un cuchillo de pelar o el tartamudeo de disparos al azar desde un coche en marcha. Alguien que se lleva a tu hijo." (pág. 106).

Si lo comparáis con el original (¿Cuchillo de pelar? ¿tartamudeo? aparte de la cacofonía pelar-azar) decidimos ya si le ponemos las orejas a Ramón Buenaventura o no. La traducción se me atraviesa de vez en cuando.

PabloJ dijo...

Personalmente, considero a "Medianoche en Dostoievski" el más interesante y filosófico de los relatos. Temas universales: identidad, soledad, amistad...

Dos jóvenes universitarios especulando e "imaginando" diversas cuestiones sobre un viejo y su identidad, sin ponerse de acuerdo nunca ( ¡genial lo de parka/anorak! ), todo a un nivel muy teórico - en el mundo de las ideas de una clase de Lógica de su profesor - hasta que al final disienten, se pelean incluso porque uno de ellos quiere pasar a la acción y "hablar" con él, pero el otro - cartesiano él- dice: "eso es un disparate... si lo hacemos, matamos la idea" ( ¿res cogitans/res extensa? ).

P.D. Por favor, Benito, Tomás, desmentidme!

benariasg dijo...

Es un relato extraño y fascinante, de lo mejor que le he leído. Más o menos del tiempo de Punto Omega. Parece escrito a hachazos, intentando "ver las cosas de una en una". Qué bien recrea el ambiente en la clase, la figura del profe de Lógica (parece inspirado en Wittgenstein, hay una cita casi literal, y si Ilgauscas lee a Dostoievski, W. leía a Tolstoi...). Pero no es eso lo que le interesa más a DeLillo, sino esos dos frikis desquiciados, precisos y superinteligentes. Con el encanto de lo recién llegado, la imaginación rebosante, la pasión (la pelea no es letal, sólo el símbolo de ese apasionamiento) y el desvarío. Personajes que encantan y representan las dos opciones del escritor y de la vida: la acción y la fantasía (como ya ha visto Pablo). Genial.

Cristina Félix dijo...

http://www.newyorker.com/fiction/features/2009/11/30/091130fi_fiction_delillo?currentPage=1

Cristina Félix dijo...

Levitando (apréciese el efecto del sonido K y la similitud de parka e Ilgauskas, este profe está a punto de convertirse en onomatopeya:

“The causal nexus,” he said, and stared into the wall.

He stared; we glanced. We exchanged glances frequently, one side of the table with the other. We were fascinated by Ilgauskas. He seemed a man in a trance state. But he wasn’t simply absent from his remarks, another drained voice echoing down the tunnel of teaching years. We’d decided, some of us, that he was suffering from a neurological condition. He was not bored but simply unbound, speaking freely and erratically out of a kind of stricken insight. It was a question of neurochemistry. We’d decided that the condition was not understood well enough to have been given a name. And if it did not have a name, we said, paraphrasing a proposition in logic, then it could not be treated.

“The atomic fact,” he said.


Elena Ponte dijo...

Perdonad por la intromisión en estos comentarios sobre Delillo, pero me acabo de enterar de que Philip Roth se jubila de la escritura, dice adiós, no volverá a escribir nada después de "Némesis". ¡Qué fuerte! ¡No me puedo creer que Nathan Zuckerman claudique! Tomás, acaba de "morir" el mejor novelista americano "vivo".

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/09/actualidad/1352486711_132306.html

benariasg dijo...

He releído al calor de vuestros comentarios "Creación" y sí, ya he visto que Christa no era conocida de antes, sino una oportunidad para el cazador. Así es como se me aparece ahora ese tipo que hace de narrador, despacha a Jill (es él quien pide un solo pasaje para así deshacerse de ella) y organiza la situación con Christa. Ella quiere salir como sea; pero él le oculta de nuevo información (habría la posibilidad de un vuelo a las 2 pero él hace planes para la noche): quiere que le hable en alemán. Está en sus manos. Es uno de esos personajes "inquietantes" de DeLillo, otro místico desquiciado.

Tomás Cuesta dijo...

Ahora meteré el dedo en el ojo. Debo decir que no me gusta el final de Creación. Tiene un canónico tufillo a La dama del perrito que uno no esperaría en DeLillo. Para contrastar, ahí está el final de Medianoche en Dostoievski.

¿Cómo? ¿Chejov y Fiódor? ¿Y hay un cuento titulado La hoz y el martillo? Da, Tovarich, da.